POESÍA: GUARDE EL ATARDECER EN EL CAJÓN de Han Kang

 

Lumen

180 páginas

He comentado muchas veces que el Premio Nobel de Literatura, me ofrece desde hace años descubrimientos como Herta Muller, Jon Fosse, Olga Tokarczuk... todos ellos voces fascinantes. Pero creo que pocas me han desconcertado tanto mientras me atrapan como la de Han Kang.

He comentado ya aquí sus cuatro novelas publicadas en nuestro país. Llevo un mes pegado a su poesía y pensaba esperar antes de escribir mi comentario, quizás para ser capaz de poner en palabras lo que me produce leerla y cual es la visión que me produce, pero soy consciente de que posiblemente eso no llegará nunca, porque la capacidad de creación de Kang es un misterio.

Su compromiso es con la literatura, la creación de retratos que lo que dibujan es la incertidumbre, el desconcierto, el dolor ( tanto el dolor íntimo de la angustia como el dolor físico de la enfermedad ). Ponerle textura a lo inmaterial, siempre pegado a su cuerpo y a su alma. A su alrededor, construye un marco donde la naturaleza, siempre enigmática, penetra en los refugios creados por el hombre para recordar que todo forma parte de un todo donde quizás el ser humano, la propia autora, el elemento más frágil.

La violencia es una constante en su obra, y está muy presente en su poesía. Es una violencia densa que aísla totalmente a la víctima. Recuerdo haber leído hace tiempo que la literatura era un pacto con la soledad; esta autora se compromete en ese pacto. Y la herramienta que utiliza para construir todo esto son las palabras, a ellas les otorga protagonismo como entidades complejas más allá de su simple significado.

Leer a Han Kang es un ejercicio de abstracción y entrega que se multiplica en su poesía. Aquí, más que nunca, el mundo es un lugar ancho y ajeno, descorazonador donde, posiblemente, una de las misiones más importantes de la literatura es, como dice la autora en uno de sus poemas, entender que "lo único que se podía hacer era lanzar una luz".

No sé porque. Lo decía al principio. No entiendo porqué me siento pegado a su obra. Lo que sí sé es que, no renuncio. Y, lo más extraño, cuando la leo, sus relatos, sus versos.... soy consciente, incapaz de explicarlo, que estoy contemplando nada menos que..... la belleza.

Hay veces que la lectura es una experiencia íntima inexplicable.

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