España 2025
Julia Martínez. Diego Garisa. Sonia Almarcha. Nacho Sánchez. Itzan Escamilla. Iñigo de la Iglesia. Gerardo de Pablos.
Fernando Franco es un director del que me considero
incondicional. Sus dos primeras películas, La Herida y Morir, muy diferentes en
cuando a contenido, formaban una especie de díptico de narrativa minuciosa
alrededor de un personaje femenino, interpretado magistralmente en ambos casos
por Marian Álvarez. Con La consagración de la primavera confirmó que no le
detenían los temas difíciles, pero sobre todo, nos regaló una historia de una
transparencia luminosa.
En Subsuelo, gira hacia un género nuevo para él, el
thriller. Esto obviamente le obliga a cambiar alguno de sus lugares comunes y,
sin embargo, sigue conservando todo su espíritu: su atrevimiento hasta el
límite, su rigor, y la necesidad de contar con la complicidad del espectador,
lo que no es más que un reconocimiento de su inteligencia y la implicación que
espera.
El drama que nos cuenta es brutalmente sórdido. Un accidente
de automóvil que habría sido evitable, deja a dos hermanos mellizos unidos por
una relación enfermiza basada en el abuso, la amargura, la culpa y el miedo.
Como siempre, Franco pivota roda su narración sobre el desarrollo de unos
personajes complejos y delineados en todos sus detalles, fundamentalmente desde
las miradas y los silencios. También es capaz de equilibrar la información que
nos hurta con escenas de una sordidez dolorosa.
El título nos da mucha información, el subsuelo es aquello
que está debajo de lo que podemos contemplar a primera vista. En este caso, el
cuestionamiento de la familia como institución que debería ser un refugio y
que, en ocasiones, sin que se aprecie en la superficie, puede esconder un
infierno. Quizás en este sentido, echaría de menos un a percepción menos
teórica que pudiese convertir a los progenitores en más cómplices y desarrollar
esa idea, justificando así lo críptico de la última escena. Pero nadie esperaba
que Franco fuese fácil al afrontar esta historia.
El resultado es destacado. Un thriller perverso hasta la
total oscuridad, más terrible en cuanto a que se ubica en un entorno
perfectamente reconocible y sobre una situación de partida, aunque dramática,
dolorosamente cotidiana. Es un ejercicio de narrativa más elaborada que en
otras ocasiones y quizás menos pura, pero pegada a la historia que cuenta. La
inquietud también tiene mucho que ver con sentirnos incómodos y perdidos, y, en
este sentido, este director nos lleva al límite.
Una última apreciación, Franco es un magnífico director de
actores. Aquí es impresionante lo que consigue, no ya con los veteranos (
grande Sonia Almarcha ), sino especialmente con los jóvenes: Diego Garisa es
capaz de producir terror con sólo una mirada, pero lo que hace Julia Martínez,
es de otro planeta, sumándose a la galería de Valeria Sorolla y Marián Álvarez.

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