Director.-
Eduardo Vasco
Intérpretes.-
Juan Echanove. Joaquín Climent.
Todo comienza en un pequeño restaurante donde dos amigos se encuentran después de diez años sin verse ¿o serán catorce?. Uno de ellos es profesor de literatura contemporánea en la universidad donde ambos estudiaron, el otro escribe best sellers de éxito. El primero, está cenando en solitario antes de retirarse a su casa tras una jornada como cualquier otra. Su amigo espera una llamada para confirmar una extraña cita con un misterioso personaje.
Hablan de diferentes cosas. Y poco a poco, se van adentrando en un lugar donde todo puede ser o no ser como parece.
Lo que en Matrix a los Wachowski les costaba dos horas y una saga, lo consigue Ignacio García May en ochenta minutos con sólo dos actores: hacernos dudar de la realidad. Y, lo más importante, lo hace desde la palabra y utilizando sólo la palabra como motor y herramienta. ¿Pueden las palabras cambiar el mundo? pues parece que sí.
Teatro de texto. Y un texto magnífico capaz de jugar con nosotros, desde el análisis superficial sobre la importancia del realismo en la literatura hasta el cuento de ciencia ficción conspiranóico más elaborado. El autor es capaz de fluir con absoluta agilidad de un lugar a otro y llevarnos de la mano de una forma meticulosa e inteligente. En ocasiones, incluso nos da cierto protagonismo con apuntes de meteateatro. O nos deja caer desconcertantes detalles como migas de pan para encontrar el camino.
Para que una obra así funciones, es imprescindible la perfección en sus dos únicos intérpretes. Climent es desde el principio un prodigio de naturalidad. Echanove, un actor que a veces me llena y otras me expulsa, comienza menos colocado, pero poco a poco va creciendo hasta alcanzar la grandeza de su personaje y hacerlo creíble, algo difícil e indispensable para que todo se sostenga.
Eduardo Vasco entiende que no es necesario subrayar nada contando con estos elementos. Sólo darle a la representación una pátina de misterio que consigue con poco: un decorado que crece o no, se aleja o no, y matizados apuntes sonoros.
El resultado es magnífico.
Esencia es apasionante teatro hablado, tan divertido como fascinante y, si queremos, material para la reflexión. Teatro sin trampa ni cartón. Muy muy buen teatro.
Público

Comentarios