CINE: UN SIMPLE ACCIDENTE de Jafar Panahi

 

Irán 2025

Ebrahim Azizi. Madhid Panahi. Vahid Mobasseri. Mariam Afshari. Hadis Pakbaten. Delmaz Najafi. George Hashemzadeh

Es francamente difícil no sentir empatía por Panahi. Su odisea personal, le convierte en un luchador por la libertad capaz de asumir la penitencia pero siempre buscando la forma de seguir rodando y contando como es la vida en su país. Un enamorado del cine que, además, nunca ha perdido el sentido del humor y jamás se ha empapado en la rabia.

Me faltan parte de sus películas. De las que he visto, recuerdo en sus inicios el dramatismo de El Círculo y , posteriormente, mi favorita es Taxi a Teherán, esa forma genial de rebelarse contra las prohibiciones.

En este caso, puede sorprendernos la dureza del inicio. Debido a una inesperada casualidad, un hombre creerá reconocer en un padre de familia, al policía del régimen que le torturó durante años y destrozó su vida. Ante las dudas sobre su identidad, irá incorporando a la odisea a otras víctimas para que le ayuden a tomar una decisión.

Esta trema lineal, que parece un retrato de la venganza, se convertirá a medida que avanza en otra cosa, y Panahi no dejará que nos olvidemos de su fe en la humanidad. Con un giro que podría sonar absurdo, después de que expresamente se cite a Beckett y Esperando a Godot, nos encaminamos hacia un último tramo terrible en el dilema que plantea y, sobre todo, a cinco últimos minutos que son un brutal ejercicio de narrativa a un nivel increíble.

Un simple accidente es muchas cosas. Una vez más un retrato crítico de un país, elaborado desde el amor y no desde la rabia. Un ejemplo de revolución. Un cuento muy bien contado, con sus episodios perfectamente ordenados y su moraleja  Y una magnífica muestra de cine, un cine comprometido, necesario y artesano, pero no por ello exento de la poesía visual.

Seguiremos queriendo a Panahi y dándole las gracias por su arte y su valentía, a cambio de que él no deje de hacernos temblar y sonreír al mismo tiempo.

Y además, no olvidemos que el maestro ya tiene heredero a su altura. Su hijo Panih nos regaló hace no mucho Hit the road, una película a la altura de las esperanzas generadas por su padre. Me hace feliz. Creadores así deberían ser eternos. 

Público

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