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viernes, 23 de diciembre de 2016

TEATRO: LA VOZ HUMANA de Jean Cocteau

Dirección.- Israel Elejalde
Intérprete.-
Ana Wagener
Producción Kamikaze

La Voz Humana es un texto mítico de la desolación y el abandono.
Representado por un catálogo de grandes actrices de todo el mundo, en España , nuestra tristemente desaparecida Amparo Rivelles, en cine Anna Magnani, en Francia, Simone Signoret.
También ha sido referencia de muchos creadores de melodrama. Pedro Almodovar lo incluía expresamente en La Ley del Deseo, e incluso podían encontrarse ecos en Mujeres al borde de un ataque de nervios.
Aun así, La Voz Humana es un texto pequeño y sencillo. Quizás ahí esté su grandeza, en la capacidad para captar con absoluta transparencia el dolor.
La pieza no narra una historia sino un estado de ánimo , que va incorporando diferentes apuntes de hechos pasados que , sin trasladarse plenamente , sirven para ir coloreando esta larga conversación monologada.
Asistimos como vouyers privilegiados al momento íntimo de una mujer que, tras romper con su amante , tiene que descubrir, o mejor dicho que aceptar, no sólo el fin sino el hecho de que esté había comenzado posiblemente mucho antes de lo que ella pensaba. También que lo que entonces fueron herramientas para retenerlo a su lado, se habían convertido en inútiles, por mucho que eso no le impida seguir intentando utilizarlas en un último y desesperado intento de ganar un poco más, un resto, apenas unos minutos....
El texto, cuando se representa, como en este caso, con absoluto respeto a lo escrito, es lo que es su actriz.
Ana Waneger no dudo que tenga una muy interesante carrera, pero para mi era hasta ahora una secundaria eficaz. Físicamente es perfecta para este personaje cansado y de belleza marchita. Pero es sobre todo la naturalidad de su interpretación lo que cautiva.
Tal vez el hecho de no haber alcanzado el carácter de diva le permite afrontar el texto sólo con la verdad como arma , sin la necesidad de colocarlo en su propiedad sino poniéndose a su servicio.
Y consigue trasladarlo a la perfección.
Ella, sin nombre, es una mujer , cualquier mujer sufriendo. No una actriz. Es sólo un ser humano, con todo lo que esto implica.
Ella hace grande esta representación de La Voz Humana porque huye de la necesidad de transmitir su propia grandeza.
Lloramos con ella, reímos  con ella aun sabiendo lo poco que nos durará la risa, aceptamos su humillación y, lo que es más importante, la comprendemos.
La representación tiene lugar en un pequeño espacio de la sala denominado Ambigú, perfecto para una obra en la que estamos tan cerca ( riesgo enorme para la intérprete ) que podemos tocar sus  sentimientos. Hay momentos en que es necesario un gran esfuerzo para no levantarse y acogerla en brazos intentando consolarla.
El Pavón Kamikaze se ha inaugurado como proyecto teatral esta temporada , y ya se ha convertido en uno de los espacios más interesantes de la capital.
Nada mejor que un proyecto teatral manejado por personas que de verdad aman el teatro.
No es hora de felicitarles sino de darles las gracias y desearles lo mejor.

Público.    

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