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jueves, 8 de diciembre de 2016

CINE: PATERSON de Jim Jarmusch

USA. 2016
Adam Driver. Golshifteh Farahani.

A la hora de escribir ( y pensar ) sobre esta película, me atrae hacer un comparativo con otra cinta del mismo director, Los límites del control.
En aquella, mediante la repetición de una serie de rutinas y  sus pequeñas variaciones, se construía una historia noir que, con las referencias más reconocibles del género, daba un resultado totalmente nuevo.
La repetición en esa propuesta funcionaba como una especie de andamio, una jaula quizás, que apresaba a sus personajes y, como consecuencia, al espectador.
Lo recuerdo como una experiencia magnética y absolutamente artificial y lograda.
Paterson también basa su desarrollo en la repetición.
El protagonista, con el mismo nombre que la ciudad, es un conductor de autobús, viviendo una hermosa historia de amor con una pareja vitalista y que, en sus ratos libres, escribe pequeños y delicados poemas sobre su entorno cotidiano.
Aquí la repetición es la manera de poner en imágenes su rutina diaria, pero la diferencia fundamental con Los límites del control, es que Paterson respira por los cuatro costados, deja pasar el aire como si fuese una pared de seda, alcanza una sensación de ligereza, de naturalidad, de belleza, difícil de expresas con palabras. Incluso aquellos aspectos que se incorporan en la narración desde una visión claramente ficcionada ( los gemelos, la niña poeta, el japonés... ) lo hacen en un nivel precioso de cuento mágico.
Lo que en la otra aprisionaba aquí parece ser el sostén necesario para que todo pueda fluir con libertad.
Lo que en la otra producía una satisfacción eminentemente intelectual, en este caso nos llega directamente a los sentidos y al corazón.
En lo que se refiere al contenido, podría decirse que Paterson esta dedicada a la poesía y que pocas veces, esta había conseguido materializarse de una forma tan perceptible en el cine. Personalmente creo que hay más, aunque me va a costar transmitirlo. Paterson habla de la vida, y la vida real e importante, la que no se esconde en lo dramático. Porque durante estos siete días, ocurren, en sentido convencional, pocas cosas, y sin embargo, no nos cuesta quedarnos al minuto enganchados a su personaje principal, ese Adam Driver de mirada inteligente y ensimismada, que interpretación más precisa.
y es que lo que es más  especial aquí precisamente su la mirada y la generosidad con que la comparte con nosotros. La forma de mirar para poder ver dejando que las cosas se muestren en su realidad serena, sin obligarlas a disfraces, o a forzar su presencia, observando y apreciando la belleza que todo esconde. Sin buscar un porqué a su existencia. Y asumiendo un principio tan grandioso como que la belleza puede ser una parte sustancial de la existencia. Principios grandiosos que no necesitan escenarios ni prometas, que se nos descubren en el cada día.
Alrededor de este hombre que mira y escribe, y también escucha, pequeñas historias, y una ciudad que regala cuadros hermosos en cada esquina.
Y frente a él ,en la butaca, nosotros.
Un público enamorado, feliz, atrapado en el encuentro. Agradecido por la calidez de la experiencia.
Entre los comentarios de la crítica sobre esta película, recuerdo una que decía que Paterson no era una película sino un milagro.
Creo que no se puede expresar mejor.
También es algo tan maravilloso e indefinible como una sonrisa.

Público

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