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lunes, 15 de agosto de 2016

ENSAYO HISTÓRICO: PA QUE SE ACABE LA VAINA de William Ospina

Editorial Planeta
240 páginas

A finales de julio tuve la oportunidad de viajar por primera vez a Colombia.
Fueron sólo dos días y medio que, por supuesto, no me permitieron conocer el país, pero sí tuve la suerte de conocer a muchos colombianos y colombianas y el sentimiento no pudo ser más positivo: encontré a una gente noble, generosa, plural, culta y en las que era fácil adivinar unas raíces que se hundían en ese realismo mágico que García Márquez fue capaz de convertir en mitología.
Una gente capaz de hablar con claridad de sus heridas, obviamente con diferentes visiones pero con un objetivo único: el futuro.
Dos de ellos, que espero pueda considerar ya como buenos amigos, me regalaron en la despedida este libro que sin duda me ayudaría a comprender más el origen de esa nación y su complejo devenir en la historia.
De Ospina conocía la trilogía de Ursua.
Lo que allí era una gramática selvática en los colores y formas de un paisaje inabarcable, se vuelve aquí reflexión, pero también con la misma libertad, con la misma amplitud que conjuga dudas y deseos, factores históricos con deducciones posibles, y sobre todo, un gran amor a su tierra y a su pueblo, y la capacidad de no arrodillarse ante el mundo avergonzado por los años de sangrientos conflictos, sino recio a la hora de establecer sus causas y de, asumiendo errores, hacer entender que cualquier suceso debe de analizarse desde la amplitud y desde realidades que nunca son simples.
Por supuesto, también la visión de Ospina es la de alguien que tiene su propia ideología, y aceptarla de forma absoluta sería no entender su llamada a la comprensión, pero sí concluimos estas páginas con algunas certezas, que si bien podían venir de lejos, se afianzan en su prosa:
Que cualquier movimiento de conquista va a implicar siempre un poso de injusticia grande.
Que es absurdo aplicar nuestros criterios a hemisferios lejanos con otra cultura y sobre todo otra historia.
Que ninguna solución a ningún conflicto puede  basarse en la exclusión.
Y, sobre todo, que una nación de la riqueza exterior e interior de Colombia, tiene por supuesto un gran futuro.
Ospina nos habla de periodos en que aprender democracia estaba todavía lejos; también de aquellos que siempre sufrieron; de porqué se alcanzaron cotas de violencia tan brutales y tan incomprensibles para occidente como el asalto al Palacio de Justicia.
Parece, deseamos, que asoman tiempos de paz. No será fácil pero en ningún modo imposible. Se impone la generosidad y compartir responsabilidades. Pensar en quienes vendrán y en el orgullo con que deberán decir que les regalaron un país tan hermoso como brillante.
Espero volver con más tiempo.
Desde aquí les deseo que, efectivamente, se acabe la vaina.
Sé, por aquellos a quienes he conocido, que lo van a conseguir.

Público

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