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martes, 30 de agosto de 2016

CINE: CAFE SOCIETY de Woody Allen

USA. 2016
Jesse Eisenberg. Kristen Stewart. Steve Carrell. Jeannie Berlin. Blake Lively. Parker Posey. Corey Scott.

Woody Allen sigue cumpliendo a su compromiso anual con sus admiradores.
En algunos casos, como este, ni siquiera hay doce meses de distancia entre su obra anterior y esta.
Y estamos de enhorabuena porque tras algunos titubeos, estas dos últimas piezas vuelven a recordarnos lo mejor de su genio creativo, incluso desde dos variantes muy diferentes:
En Irrational Man, Allen se entregaba como ya ha hecho muchas veces, a mirar hacia el interior del ser humano para atreverse a enfrentarnos a nuestros intereses más ocultos y, desde una posición que lo acercaba a Patricia Highsmith en su cotidianidad del género negro.
Ahora, con Café Society, regresamos al Allen capaz de crear una comedia ligera, muy bien construida y mejor contada y, disfrutada con cariño. Esa clase de obras en las que consigue hacer parecer fácil una muy difícil alquimia.
Todo comienza en los años dorados de Hollywood, aquellos en los que la industria del cine creaba una mitología brillante y ostentosa. A su alrededor y entre oropeles, se vive en una especie de frivolidad perpetua donde, aun así, germina una compleja historia de amor no tan adolescente.
La acción se traslada a Nueva York, donde el espíritu de vivir el momento y de adoración por la riqueza se mantiene. Y es que está claro que ese espíritu no se correspondía con una zona geográfica sino por una época.
Allí crecen nuestros protagonistas, ya separados. Allí volverán a encontrarse. Allí asistiremos a la constatación de que hay historias preciosas que devienen imposibles. Y finales "felices" empapados de tristeza.
Allen es capaz de una gran delicadeza, pero posiblemente transmita una tristeza mayor que antes, más que tristeza melancolía. Quizás sea fruto de la edad. La última escena es un cierre perfecto, bellísimo y emocionante. Un colofón perfecto para una narración que nos ha gustado que nos contasen.
A pesar de que sólo la primera parte tiene lugar en la meca del cine, esta pieza es un homenaje claro el séptimo arte, no sólo porque aparezca con nivel protagónico sino porque utiliza historias de género clásico ( cine de gánsters, melodrama... ) como mimbres para conformar un cesto hermoso, que a pesar de que las partes puedan sonar conocidas, conforman un todo singular y absolutamente logrado, sin dudarlo.
No siempre se habla de la excelente dirección de actores de este director. Posiblemente sea Café Society uno de los conjuntos más homogéneos , más redondos, que he visto últimamente. A Eissenberg le regala uno de esos papeles que tan bien escribe y él lo borda, lo llena de agilidad y matices; se corresponde con uno de esos tipos algo torpes sentimentalmente, siempre al borde del drama pero que no parecen tener la "grandeza" suficiente para caer en ello y que convierten su propia existencia en un punto de farsa, esos que tantas veces hemos identificado con el propio autor.
Pero no puedo dejar de citar a Stewart, que si ya con Binoche en Viaje a Sils María nos sorprendió , revalida su capacidad para dominar el primer plano con una absoluta contención capaz de enamorarnos. Lejos queda la que , a raíz de la saga crepúsculo podía haberse convertido en una estrella adolescente, se acerca una gran actriz.
La dirección artística completa con precisión esta obra encantadora.
Ha vuelto el mejor Allen. Que gozada. Maestros de siempre haciendo lo que mejor saben hacer.
Y, en este caso, tener la seguridad de que, como mucho, sólo será necesario esperar doce meses para encontrarnos de nuevo.

Público

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