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sábado, 9 de julio de 2016

EXPOSICIÖN: CARAVAGGIO Y LOS PINTORES DEL NORTE

Museo Thyssen Bornemisza
Madrid
Hasta el 11 de octubre

El primer cuadro que nos encontramos en esta exposición es El Niño Mordido por un Lagarto. Un buen anuncio, en su dramatismo, en lo agresivo del gesto de un muchacho que parece interpelarnos a nosotros, y no al animal, de lo que nos vamos a encontrar; el segundo es El Niño Mordiendo Fruta, una muestra de serenidad absoluta donde, en este caso, nuestra mirada parece no tener ninguna importancia.
Dramatismo y tranquilidad. Luces y sombras.
Estos parecen ser los elementos de la pintura de este genio que a mi entender, acercó un poco más este arte a la realidad.
Porque si difícil parece hablar de realidad ante un fondo temático tantas veces inspirado en las historias del Antiguo y Nuevo Testamento, Caravaggio lo consigue. En primer lugar, sus modelos distan mucho de la pureza iconográfica tradicional ( en el último número de Caimán Cuadernos de Cine se equiparan sus efebos con aquellos que Pasolini extraía del entorno proletario ); además, esas sombras de las que tanto se habla y que parecen hacer surgir a sus personajes del centro de un sueño, son también sombras internas, capaces de mostrar retazos de sentimientos que, como ocurre siempre, no son completos. La ira, el dolor, el miedo, la paz, .... todo está ahí, pero siempre pasado por el filtro del ser humano.
Hay santos, pero antes son hombres. Sin duda creen en la resurrección, pero se derrumban ante la pérdida.
Y siempre, además de ese juego indescriptible de luz y oscuridad, la sensación de que hay algo escondido, algo que se hurta a nuestros ojos y que nunca llegaremos a alcanzar.
La exposición no se centra principalmente en la obra de este autor sino en su influencia en muchos otros pintores. Con esto se ofrece una muestra plural, muy rica, pero siempre alrededor del sentido teatral necesario para trasladar la historia de la religión. Esas tablas dramáticas que componen , desde un punto concreto, complejas narraciones.
El último paso, es su último cuadro.
Casi como un milagro, nos enfrentamos con esta obra inclasificable, feroz, mística, El Martirio de Santa Ursula. Aquí la dejo. Hay mucho más pero sólo por ella ya habría merecido la pena el recorrido.


Público

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