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miércoles, 20 de julio de 2016

CINE: NUESTRA HERMANA PEQUEÑA de Hirokazu Koreeda

Japón 2015
Haruka Ayase. Masami Nagasawa. Suzu Hirose. Kaho. Ryo Kase. Ryohei Suzuki. Lily Franky. Shinchi Tsutsumi. Jun Fubuki. Kentaro Sakaguchi

Todas las películas que conozco de este director, elegante e inteligente, se centran en el entorno familiar. Afectado por un acontecimiento que puede ser una pérdida o una aparición, el devenir a partir de ahí, huye de dramatismos a pesar de ser capaz de profundizar con bisturí en la psicología de sus personajes y de afrontar los efectos de esas metamorfosis.
No hay gritos, hay palabras.
Koreeda trabaja con el clasicismo y la lentitud, la mirada tranquila, como herramienta de caligrafía. Lo hace sin complejos a la hora de reconocer sentimientos como la ternura, sin acercarse nunca al terreno de lo empalagoso, pero sin evitar ( dentro de la contención de la cultura japonesa ) retratar el amor fraterno.
Es, de algún modo, un director a contracorriente.
Empiezo diciendo que he gozado absolutamente con esta película. Considero Nuestra hermana pequeña la mejor obra de su autor y una de las mejores películas que he visto últimamente.
En este caso, son tres hermanas ( claro homenaje a Chekov que creo es una de las grandes inspiraciones de la historia ); la muerte del padre, que las había abandonado hacía años, les lleva a conocer a una hermanastra menor a la que invitan a vivir con ellas. A partir de ahí, se desarrolla la historia de estos cuatro personajes, tanto a nivel individual como en conjunto, llena de pequeños detalles, hasta llegar a un hermoso plano paseando por la playa, con el fondo de una música mínima pero con corazón que ya nos ha acompañado en algunos de los momentos más significativos de esta historia.
Efectivamente está Chekov, mucho Chekov.
No sólo en su capacidad para retratar lo cotidiano, con un aroma de sinceridad total y un sonriente sentido del humor, el que nace de la compasión y la verdad.
También por su subtexto, esas corrientes subterráneas, que van desvelando las inquietudes, los miedos y las angustias de cada uno; también retazos de aquellas partes de sus vidas que, sin formar parte de la historia que se nos está narrando, conforman su interior.
El guión de Nuestra hermana pequeña es un prodigio de sutileza, de capacidad de decir todo con apenas una frase o un movimiento.
No puedo dejar de recordar las palabras de un director de teatro que se sorprendía al escuchar que en las obras del dramaturgo ruso no pasaba nada cuando, según su opinión, ocurrían muchísimas cosas; la diferencia estaba en como se contaban. Aquí pasa lo mismo, y es que también en esta película japonesa hay un montón de acontecimientos aunque parezca que, lo único que hemos hecho, es ser observadores privilegiados del entorno cotidiano de una familia.
Mención aparte merece el trabajo de las cuatro actrices principales, su simbiosis, su homogeneidad, no puedo dejar de acordarme de George Cuckor, sin duda habría disfrutado muchísimo dirigiéndolas.
Llegando al final, en la reflexion del funeral y el comentario posterior sobre las últimas palabras del padre, me lleva a pensar que posiblemente sea esta una película sobre la belleza, la belleza de la vida si logramos aprender a disfrutar de las pequeñas cosas que son las que la hacen grande.
Una lección de poesía del alma.
Pocas veces he visto tanto encanto en una pantalla de cine , y muy pocas veces he tenido una sensación tan luminosa. Quizás en Still Walking, del mismo autor.
Maravillosa.

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