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viernes, 5 de febrero de 2016

CINE: CAROL de Todd Haynes

USA/ UK 2015
Cate Blanchett. Rooney Mara. Sarah Paulson. Kyle Chandler. John Magaro. Jake Lacy

Hay pocas cosas tan elegantes como los melodramas de la época dorada de Hollywood.
No hay muchos directores que consiguiesen como Douglas Sirk a la hora de hablar de sentimientos extremos pero manteniéndolos en el justo equilibrio.
Haynes ya nos demostró con Lejos del cielo su veneración por esa gramática; ya en ella subvertía parte de la contención habitual, no perdiendo el equilibrio antes citado, pero sí incluyendo temas que entonces estaban vetados, en ese caso, la homosexualidad del marido.
En Carol avanza más.
Y es que esta vez, inspirada en la novela más personal de Patricia Highsmith, lo que nos narra es una historia de amor lésbica, y no sólo esto, sino también la hipocresía con la que esta naturaleza se asumía en el silencio de las estructuras sociales más tradicionales.
Haynes opta otra vez ( con matices importantes de los que luego hablaremos ) por el melodrama tradicional, y lo cierto es que hay momentos, en general durante casi todo el metraje, en que tenemos la sensación de estar viendo una película de los años cincuenta.
Una muy buena película de los años cincuenta:
Por un lado, antes hablaba de elegancia; pues bien, Carol puede ser el paradigma de la elegancia fílmica, en su dirección artística, en su narrativa, en sus encuadres, en la forma de afrontar aspectos muy delicados. Visualmente es una gozada. También ayuda una bellísima banda sonora.
En segundo lugar, fueron esos los años de las grandes actrices para grandes personajes.
Tanto Mara como Blanchett podrían pertenecer a esa época en la entrega epidérmica de su interpretación.
La primera tiene la dulzura desconcertada de las ingenuas atrevidas, la debilidad del no medir las consecuencias de sus actos, de asumir que en principio no está en el equipo de los vencedores ni de quienes marcan las reglas del juego.
Está preciosa.
De Cate Blanchett se han dicho siempre muchas cosas y siempre buenas, es una actriz singular en su físico y en especial en su mirada, y entregada en cuerpo y alma. En Carol nos encontramos con su mejor cara; desde la sofisticación de la alta sociedad, asoman las aristas de un ser que mezcla de forma perfecta la versión más frágil de un ser humano acostumbrado a trasladar seguridad, y el perfil depredador de la necesidad de amor.
Está perfecta.
Sólo hay entre ellas dos una escena de amor, y es tan delicada que no pueden molestar a nadie; tenemos la sensación de que se la merecen. El resto es su pequeño descubrimiento, a base de pequeñas cosas, y el duro contraste ya citado anteriormente con la moralidad de la sociedad en la que se mueven. La historia de  una fascinación, que casi llega a trascender el amor tal y como lo conocemos, una historia de encuentro de uno mismo mediante el encuentro del otro.
Para finalizar: he comentado antes que hay matices en lo referente a su asunción del melodrama clásico, formalmente hablando, y me refiero al hecho de que son muchas las imágenes en que accedemos a estos dos personajes a través del filtro de los cristales; muchas otras, nos fijamos en pequeños detalles que pueden parecer descuadrados como unos ojos, unos labios, unas manos; pero sobre todo, hay una sensación general de niebla, otorgando a toda la película un aire y una textura de pasado.
Es que si nos hubiesen envuelto la narración en papel de sueño.
Y es que Carol, no pretende emular ni representar, sino recordar. Esa época, y sobre todo ese cine. Porque en Carol hay mucho de amor al cine.
Gracias a ella viajamos al pasado.
A lo clásico.
Con esta joya emocionante, elegante, hermosa, valiente.

Público

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