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martes, 1 de diciembre de 2015

TEXTOS: EL CIRCUITO INTERIOR de Francisco Goldman

Turner
282 páginas
También disponible en ebook.

Hace muchos años, consiguió apasionarme Marinero Raso, la segunda novela de Francisco Goldman, una epopeya de lucha desde la nada hasta la dignidad , en un paisaje físico y moral del color del hierro viejo.
Años después, leí El arte del asesinato político, un libro escrito como un largo reportaje sobre el asesinato sin resolver del Obispo Gerardi en Guatemala. Testimonio comprometido de investigación desde el punto de vista de aquellos que creen que nunca se debe de callar, aunque hablar no sirva.
Me enteré del drama personal de la muerte de su esposa y me asomé a Di su nombre, una especie de catarsis personal; tuve que dejarla antes de terminar, algo que hago en contadas ocasiones. Su dolor me parecía demasiado íntimo, demasiado corazón.
Años más tarde, Goldman nos cuenta que volver a escribir ha sido , entre otras herramientas, una de las que ha utilizado para salir del agujero en el que le había sumido el duelo, y contar de una forma cercana sus pequeñas inquietudes y su visión de una ciudad a la que ama tanto como Méjico DF, recuperando también poco a poco, junto con su capacidad fabuladora, su alma combativa.
El circuito interior al que hace mención , es un conjunto de carreteras en las que se atreve a aprender a conducir, enfrentándose de una forma nueva a esa selva plural y urbana. También la metáfora  de los caminos que irá recorriendo hasta conseguir ser el de siempre.
No veo demasiada unión en estos textos que darían para dos o tres reportajes o ensayos. Importantes por supuesto , tanto en su descripción nada turística del entorno, como en su compromiso radical frente a la corrupción imperante en el gobierno, con sus ataques directos a Peña Nieto y en su denuncia de unos crímenes horrorosos , el abandono de las víctimas, la impunidad de los culpables. Esperanzador en su epílogo, considerando como tal ese párrafo final donde aboga por reconocer la necesidad de los ciudadanos del país ( como en otros de la zona ) de que las cosas cambien.
Supongo que el hecho de que Goldman haya afrontado esta obra como una terapia no le resta valor. De acuerdo que en su fuerza expresiva no está la pluma de un convaleciente.
En cualquier caso , yo espero que nos regale de nuevo una narración como aquella en que consiguió recordarme a Faulkner y a a Melville. Eso ocurre pocas veces.

Público

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