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viernes, 8 de mayo de 2015

CINE: MANDARINAS de Zaza Urushadze

Estonia / Georgia 2014
Lembit Ulfsak. Elmo Nuganen. Giorgi Nakashidze. Misha Meskhi.  Raivo Trass

Personalmente me cuesta mucho entender la situación de los nuevos países que han nacido de la escisión de la antigua Rusia y de otros conflictos en Europa del Este.
Sin querer frivolizar, creo que la referencia más clara son las votaciones del Festival de Eurovisión, donde se han multiplicado los países, algunos francamente difíciles de deletrear.
No puedo comprender esa sucesión de guerras entre quienes, forzadamente o no, convivían hasta hace poco tiempo.
En el fondo, lo que no puedo entender es que en Europa, basta extensión geográfica que todos entendemos como el mundo civilizado, pueda haber una guerra.
Sin embargo, desde la caída del Muro de Berlín y la pérdida de hegemonía de la antigua URSS sobre algunos de sus territorios, hemos asistido ( y todavía lamentablemente estamos asistiendo ) a situaciones fatricidas de una absoluta crueldad, como si estallasen aquellas rencillas caseras que existen en cualquier comunidad, y adquiriesen el carácter de tragedias.
Pero no por ello dejan de ser absurdas.
Mandarinas habla de todo eso, de una guerra tan ridícula que no es sencillo distinguir entre amigos y enemigos, algo que la convierte en todavía más brutal; que se desarma en el momento en que a los contendientes se les da el espacio para poder mirarse sin odio y comprender que entre dos seres humanos hay más similitudes que razones para la lucha.
Lo que comienza como una especie de parábola, deviene en tragedia, pero tal vez para demostrarnos que eso no es irremediable y que siempre hay lugar para la esperanza, el director nos regala un epílogo en el que, a pesar de la tristeza, regresa la calma, así como una visión panorámica durante los títulos de crédito finales de un paisaje grandioso y bello que siempre estará por encima del horror.
A pesar de su aparente sencillez ( creo que el conflicto planteado dista mucho de serlo ), Mandarinas no es una  película pequeña, aunque sí delicada. Sólo contemplándola con tranquilidad se puede acceder a la riqueza de matices que está en sus miradas, en sus sonrisas, en los gestos que comparten sus cuatro protagonistas y que poco a poco los van acercando. A destacar a este poker de intérpretes, dotados de una absoluta naturalidad y la capacidad de poner el alma en los ojos.
En definitiva, es una película hermosa. Es buen cine.
Y de nuevo, es un viaje, una de esas ocasiones en que el séptimo arte nos lleva a visitar lugares en lo que nunca hemos estado ni posiblemente estaremos, y si lo hace a través de un buen director, esa aventura no será sólo geográfica sino que nos hablará también de las personas que los habitan, de sus costumbres , de sus sentimientos y su forma de relacionarse entre ellos.
Todo eso lo cumple esta, repito, sencilla historia sencillamente contada.
A veces lo grande parece pequeño.

Público

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