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viernes, 6 de febrero de 2015

CINE: SUEÑO DE INVIERNO ( WINTER SLEEP ) de Nuri Bilge Ceylan

Turquía 2014
Haluk Bilginer. Melisa Sozen. Demet Akbag. Nadir Saribacak. Ayberk Pekcan. Nejat Isler. Tamer Levent.

Chejoviano.
El nombre de un escritor único convertido en adjetivo. Pero no siempre bien utilizado.
A menudo se confunde con la narración de lo cotidiano, con la observación de la quietud, de aquello en apariencia intrascendente.
Sin embargo, es mucho más lo que se escondía en cada obra del dramaturgo ruso, y todo ello está presente en esta película grande, serena, clásica y llena de alma.
En primer lugar, está el dibujo interior de los personajes, el retrato de sus dudas, de sus miedos, de sus esperanzas y sus desilusiones, de sus contradicciones, sus errores y sus aciertos, su corazón y su cerebro. Sueño de Invierno gira alrededor de un antiguo actor retirado, un ser egocéntrico, egoísta, capaz de la crueldad, vanidoso, cercano al personaje del Profesor del Tío Vania, y como él, casado con una mujer mucho más joven. Ella es uno de los satélites, también su fracasada hermana, un amigo, sus arrendatarios.... Un conjunto que, como si la soledad del paisaje hubiese penetrado en su interior, parece vivir sólo con el objetivo de dejar que el tiempo pase a su través, buscando con desesperación y cansancio algo a lo que agarrarse.
En segundo lugar está la mirada, esa que observa, que no juzga ni condena pero que tampoco esconde. Que es capaz de tomarse el tiempo que haga falta para escuchar y para contemplar el silencio, pudiendo paladear cada gesto.
En tercer lugar, la verdad de las palabras, la sinceridad, la desnudez. Es aquí donde en Sueño de Invierno Chejov se acerca a Bergman, porque las relaciones están presentes en todo su dolor, en su incapacidad de comunicarse, esos hermanos que se agreden y que luego parecen buscarse, y sobre todo esa pareja que nos regala la máxima ansiedad y ese monólogo final tan hermoso.
La película se estructura alrededor de largos diálogos , puntuados con estampas breves de un paisaje hermoso, terrible e inmenso. Las notas de un piano, acompañan en algunos momentos la melancolía y a mi me deja la sensación de una caricia.
Sueño de Invierno dura más de tres horas, pero no es larga, es grande. Su clasicismo sereno, su belleza interior y exterior, y una mano que sabe narrar y coger al espectador para introducirnos en este regalo, hacen de la película una experiencia inolvidable. La  comparación más adecuada que se me ocurre es la de una de esas grandes novelas que nunca queríamos terminar.
Un sueño. Sí. Triste pero vivo.
  
Público

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