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domingo, 4 de mayo de 2014

CINE: LA IMAGEN PERDIDA de Rithy Panh

Camboya 2013
Documental

Creo que ya lo he comentado alguna vez:
El cine documental tiene cada vez menos diferencias con el cine de ficción, quizás la única sea que no cuenta con unos intérpretes y que sabemos que lo que se muestra es real.
Al margen de esto, su objetivo es también narraar una historia, aunque en este caso, podría decirse que es "dar fe" de una historia, realizar el ejercicio de un notario sobre hechos que no deberían ser nunca olvidados.
Esta labor de almacén y garante de la memoria que ostenta el documental como género, le lleva en muchas ocasiones a tener que enfrentarse con los episodios más oscuros de la humanidad, para dejar constancia de que han ocurrido y asegurarse de que no vuelvan a suceder.
Y el debate que se abre aquí, es si recrear el horror, no es una forma de contribuir al mismo, acercándolo al morbo.
Igual que ocurría con la tremenda The Act of Killing, el gran logro es conseguir ponernos ante los ojos el espanto de lo ocurrido, sin contar con imágenes reales. El resultado está incluso más conseguido que en ese caso.
Hay que empezar por decir que el acercamiento en La Imagen Perdida es más visceral: el director ha vivido en primera persona lo que cuenta y gran parte de los miembros de su familia , fueron víctimas del régimen creado por los jémenes rojos, en su delirante trayectoria para crear una sociedad perfecta y totalmente igualitaria.
Utiliza material de archivo, imágenes reales, pero hay otros dos elementos que convierten esta experiencia en única:
Por un lado el sonido. La voz personal del narrador parece susurrarnos al oído todo lo ocurrido, desde la ausencia de emoción que puede generar lo concluido, aquello que ya no tendrá remedio. Acompañan a sus palabras, una banda sonora donde se mezclan ruidos, lamentos y música, en una presencia constante que parece terminar siendo el murmullo interior del dolor.
Pero lo más sorprendente, es la decisión del director de utilizar como personajes, pequeños muñecos de arcilla, figuras que consiguen transmitir una desesperación absoluta, una vida truncada, y generar, desde su estatismo, la compasión de los desheredados.
Cabría una reflexión más larga a raíz de esta película, sobre la necesidad del cine, la imagen como presencia y ausencia etc. Lo dejo para otros, yo me quedo con la valentía de un director capaz de enfrentarse a su pasado, sea cual sea el dolor que despierte, y con la inteligencia para encontrar el lenguaje adecuado para hacerlo.

Público

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