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jueves, 16 de agosto de 2012

OPERA: LA FLAUTA MAGICA de Wolfram Amadeus Mozart



Director Músical - Jaime Martín
Director de Escena - Alfonso Romero
Intérpretes - Kenneth Tarver. Auxiliadora Toledano. Leigh Melrose. Jeanette Vecchione. Dimitry Ivaschenko. Francisco Vas. Marifé Nogales. 

Quiero empezar diciendo que La Flauta Mágica recoge para mi la música más hermosa que se ha escrito; bien, tal vez eso sea muy categórico y yo no soy categórico, digamos que el conjunto supone una de las cimas de la historia de la música. Me llena su profundidad, su alegría, su pasión; nunca me cansaré de escucharla.
Creo que el libreto, al margen de si realmente se refiere a un ejercicio de iniciación masónica o de un simple cuento extravagante, es francamente difícil, reuniendo momentos, muchos, abiertos a la magia, y otros algo confusos, y un hermoso combate entre la oscuridad y la luz.
Eso exige un importante trabajo de adaptación, y posiblemente de poda, en definitiva, aporta una gran libertad pero también un importante decisión de foco e  inteligencia.
En este caso, la decisión de partida es incluir no sé si todos, pero sí gran parte de los recitativos, lo que lleva la duración a tres horas y media y genera momentos donde se echa de menos la música. Para ello, hace falta un importante soporte escénico y narrativo.
Aquí partimos de una idea que, en los primeros minutos, genera un buen ambiente: la obra es el sueño de un soldado herido en la Segunda Guerra Mundial que convalece en un hospital. Ese marco valdría como fondo de cualquier fantasía , como base para una aventura interior en la búsqueda de la luz frente a la oscuridad de la ceguera y la muerte.
Sin embargo, falta cierta unión argumental o cierta atmósfera que permita una libre asociación; aun así, en la primera parte se consiguen bellas escenas, gracias a una delicada iluminación; una pena que, los pocos hallazgos escenográficos causen algún cansancio visual en la segunda, con elementos gratuitos como el gran marco o los globos y ciertas piezas siempre presentes como el capitoné o la bola del mundo que llegan a molestar.
Hay que reconocer que no hay nada incómodo, ni que cause rechazo, pero me falta magia en la dirección de escena para acercarla a la que produce la belleza de la música.
El genio de Mozart nos traspasa, nos eleva , y nos hace perdonar a quien no está a la altura. La verdad es que es más que difícil, casi imposible. Este año el Real tiene en su programa otra Flauta, esta dirigida por alguien que nunca falla, Robert Carsen; en cualquier caso siempre será otra oportunidad para escuchar esa música absolutamente inolvidable.

Público      

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