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sábado, 1 de julio de 2017

CINE: VERANO 1993 de Carla Simon

España 2017
Lara Artigas. Paula Robles. Bruno Cusí. David Verdaguer. Isabel Rocatti. Fermí Reixach

Posiblemente lo importante, lo verdaderamente importante en esta vida, ocurre bajo la superficie, sentimientos que marcarán nuestras vidas y que no explotan en acontecimientos dramáticos, sino que corren por dentro como corrientes subterráneas.
En una narración, se transforman en pequeños olas que destacan en lo cotidiano pero que en realidad tienen la fuerza de grabarse hasta el futuro.
Si además la mirada es la de una niña,  esos sentimientos son más puros pero también tiene un nivel de indefinición tanto en el reconocimiento de los propios como ven la identificación de los de los adultos, lo que convierte en este caso la película en una película mucho más rica, que precisa de la complicidad del espectador al tempo que se mueve en una especie de nivel liquido, sutil.
Los padres de Frida han fallecido, sabremos poco a poco que víctimas del SIDA ( no es un spoiler, lo cuentan todas las críticas ). Ella se traslada a vivir al campo con sus tíos y una sobrina un poco más pequeña. Vamos a compartir con ella descubrimientos pero también , y sobre todo, la búsqueda del duelo entre lo que entiendo son sensaciones interiores posiblemente confusas y contradictorias.
Sólo desde la verdad se puede filmar con tanta sencillez, sinceridad y ternura.
No en vano, la directora se atreve a contar su propia historia.
Me cuesta por regla general creerme las películas con años, salvo si me encuentro con una protagonista como Lara Artigas desde cuya mirada nace y se desarrolla la historia. Su capacidad de expresión desde la contención es impresionante. Contemplar su rostro y adivinar lo que se queda en el interior se convierte en una apasionante aventura.
Verano 1993 es una cinta delicada, un ejercicio de observación, una historia compartida más que contada, susurrada al oído.
Un estudio sobre las contradicciones de cualquier ser humano, sobre la dificultad de acotar de una forma precisa cada sentimiento, en definitiva, sobre la vida.
Remite a muchos maestros, Erice, Ozu, Bresson.... y lo hace con una firmeza tal que parece increíble que nos encontremos ante una ópera prima. Porque además de todo lo dicho anteriormente, hay algo más que hace esta cinta tan especial, esa magia que no sabemos como se consigue y que, casi de forma alquímica, aparece  de repente en algunas obras, regalándoles el alma, convirtiéndoles en una especie de Pinochos que adquiriesen vida. Son esas obras que, sin ninguna razón aparente, llegan a nuestro corazón para quedarse.
Una preciosa muestra de cine en la que siento que hay que dar las gracias por su grado de intimidad.

Público

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