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viernes, 2 de junio de 2017

CINE: LA MUERTE DE LUIS XIV de Albert Serra

Francia/ España 2016
Jean Pierre Leaud. Patrick d'Assumcao. Marc Susini. Bernard Belin. Irene Silvagni. Vicenc Altao

Por fin lo he conseguido.
Pocas películas han tenido una vida en las pantallas tan complicada y errática como La muerte de Luis XIV, saltando por salas de arte y ensayo ( que siguen existiendo ) y cinematecas, de ciudad en ciudad, en horarios poco compatibles.
Casi una pieza de museo.
Eso sí, con la leyenda de obra maestra, de cine diferente que había conseguido convencer incluso a los críticos más esquivos en este modelo de creación.
Pues bien, tras mi persecución, por fin, gracias a Filmin, he conseguido verla.
Lo digo ya:
Una joya, una obra ( creo que le encaja más esta definición que la de película ) singular, única. Tan valiente como coherente, tan arriesgada como conseguida.
Desde Honor de Caballería, protagonizada por Don Quijote, Albert Serra nos ha reiterado que su interés es acercarse a las leyendas, no tanto desde la desmitificación sino la identificación, ya que lo que hace es acompañarlos en su vida cotidiana, en aquellos aspectos que los hacen humanos y los alejan de la figura. Visita y nos lleva a visitar la trastienda, lo más alejado de la representación.  Y lo hace, extrañamente, desde la propia representación, una caligrafía medida y perfectamente orquestada.
Después de Don Quijote, vinieron los Reyes Magos, Casanova y Drácula. Ahora le toca el turno a Luis XIV de Francia, por primera vez un personaje histórico pero rodeado de la parafernalia de una monarquía caduca y teatral, por la que mereció el nombre de Rey Sol.
Se centra en los últimos días de su vida, en el intento por parte de los médicos de buscar una solución, que termina siendo inútil, en su corte desconcertada sin saber como comportarse y manteniendo unos rituales estéticos ridículos como vácuos.
Se ocupa de observar con minuciosidad y calma, esos momentos donde la ruina se sube a lomos de la propia decadencia de la institución, que intenta sobrevivir en su anacronismo. Y anacronismo e incluso absurdo es en lo que se convierte la ceremonia cuando la miramos desde dentro, sin la admiración de un público entregado, o sin la pompa necesaria que ha desaparecido por causa de la enfermedad.
La muerte de Luis XIV es una cinta sorprendente en su coherencia.
Estoy seguro de que desde el principio está tomada la decisión, no ya de encerrarnos con el monarca y sus doctores en esas pocas habitaciones, sino de hacernos sentir que somos parte de la corte que de vez en cuando se asoma y participa en la escena. El sonido, especialmente ese reloj que va marcando el lento paso del tiempo, las luces de las velas que parecen ser la única fuente de iluminación, la música que sólo en momentos contados se incorpora....
Y sobre todo, la lentitud real de la vida que se va. La morosidad con la que el director se mueve, sin perder el ritmo en ningún momento. La narración casi física de la enfermedad y de como va afectando al monarca.
Estéticamente, nos encontramos ante un monumento a la belleza, que no siempre es sinónimo de hermosura. La película parece estar compuesta de forma que cada escena es un cuadro con la  textura de los clásicos. Hasta alcanzar ese momento en que el protagonista mira directamente a la cámara: lo que habitualmente son retratos regios, se pervierte aquí para ofrecernos su contrario, lo que nunca se muestra pero que quizás sea mucho más real.
Cierro este comentario sorprendido y agradecido con el autor, recordando la ceguera no sólo de los distribuidores sino de nuestra comunidad cinematográfica. La muerte de Luis XIV debería haber ocupado una posición de cabeza en los últimos Goya; quizás eso hubiese avivado su carrera y la de cierto tipo de cine. Ni considerarla. Fácil después culpar de nuestros males a ¿ el cine americano, el IVA cultural, la piratería... ?
Albert Serra ha creado una obra artística que sólo ha sido valorada realmente en su grandeza fuera de nuestro país.
En cualquier caso, no desesperemos. Habrá más. Empiezo a creer que este hombre es un genio. Un hombre que disfruta con la creación.

Público

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