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jueves, 1 de junio de 2017

CINE: FENCES de Denzel Washington

USA. 2016
Denzel Washington. Viola Davies. Stephen Henderson. Jovan Adepo. Mykell Williamson. Russell Hornsby. Saniyya Sidney

Fences, de August Wilson, es dentro del teatro americano casi un clásico contemporáneo.
Su autor, especialmente vinculado a trasladar la historia de su comunidad negra en su país, consiguió con esta obra su mayor éxito. Su reposición el pasado año en Broadway, supuso para Denzel Washington el Tony al mejor actor. Supongo la decisión de este de adaptarla al cine y dirigirla tiene mucho que ver con su mimetismo con este personaje y su deseo de hacer llegar a más público su grandiosa interpretación.
La obra se centra en una familia negra en los años 50. A pesar de su situación precaria, viven con cierta estabilidad, posiblemente debido al instinto de supervivencia y lucha del patriarca. Esa necesidad de sacar adelante a su familia, le hace también desarrollar un carácter autoritario que dificulta la convivencia. A todo ello, hay que sumar el racismo latente en el exterior y el machismo latente en el ámbito familiar.
Es un texto sólido.
Heredero del naturalismo más clásico , de Arthur Miller o Eugene O'Neill.
Quizás un poco antiguo, pero creo que es necesario empezar a considerarlo desde el punto de vista histórico, más que buscar equivalencias con la situación actual.
Washington aporta una dirección firme y coherente. Huye de esa maldición en los adaptadores de obras teatrales de intentar por todos los medios que no se note su origen. El centro de la historia es la casa familiar, y ahí ocurre todo lo importante, ni siquiera necesario recorrer las distintas habitaciones; fiel a la concepción original todo transcurre entre la planta baja y el jardín trasero. Las salidas al exterior , suponen gotas de aire en la densidad narrativa, pero no pretenden nada más y contribuyen a aligerar el peso y marcar el paso del tiempo.
Por decirlo de alguna manera, utiliza la cámara no para traicionar el origen del material sino para potenciarlo, permitiendo a sus actores gozar de primeros planos ( algo muchas veces difícil de alcanzar a percibir desde las butacas de un teatro ), y tiñe toda la atmósfera de un color añejo que huele a jazz.
Por otro lado, un texto como el que nos ocupa, permite grandes interpretaciones, y esa es otra de las bazas que juega el director, permitiendo que todos ( no se cuantos procedentes de la versión teatral ) tengan su espacio  lo desarrollen a la perfección. Ya he dicho que él está inconmensurable, pero quien más me fascina es Viola Davies, una mujer capaz de decirlo todo con una mirada, en un papel que es un regalo.
Fences , ya lo he dicho, habla del racismo, de las difíciles relaciones familiares, de la herencia del pecado de padres a hijos. Pero también habla de comprensión y perdón.
En este caso, en su versión cinematográfica es un sólido ejemplo de traslación del teatro al séptimo arte.
Tal vez nos guste más a quienes disfrutamos del género dramático.
En mi caso así ha sido.

Público

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