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viernes, 3 de marzo de 2017

CINE: LA CHICA DESCONOCIDA de Jean- Pierre y Luc Dardenne

Bélgica/ Francia 2016
Adele Haenel. Jeremie Renier. Christelle Cornil. Olivier Gourmet

Los hermanos Dardenne ocupan un lugar destacado en el cine social de autor europeo. Creo recordar que cuentan con dos Palmas de Oro de Cannes y cintas como Rosetta o El Niño son referentes en su reflejo sin velos de los recodos menos visibles del viejo continente.
En sus dos últimas películas, parecían haberse decidido por contar sus historias de una forma más luminosa. Tanto El niño de la bicicleta como Dos días, una noche, seguían tratando sus temas habituales, pero lo hacían de una forma más asequible e incluso contando con la participación de estrellas ( que Marion Cotillard estuviera nominada al Oscar por un Dardenne film, era algo inimaginable años antes ). Esto pareció acercarles a más público e incluso la crítica aplaudir el avance. A mi, gustándome especialmente la segunda, me pareció que habían perdido parte de lo que los convertía en singulares y hacía su cine especialmente creíble.
Sorpresa. Con La chica desconocida, vuelven a su textura original.
Esa no es la sorpresa. La sorpresa para mi es que, con ello, han obtenido las valoraciones más pobres de su carrera.
No puedo estar menos de acuerdo.
La chica desconocida tiene las mejores virtudes de sus autores, tanto en la forma como en su contenido.
Una joven doctora, comprometida pero consciente de sus posibilidades de carrera, tiene que enfrentarse a un error que cambiará su destino, haciendo que la culpa se integre en su conciencia como un tumor.
A partir de ahí se desarrollará una narración con mecanismos de thriller pero en un estadio más cercano a Simenon que a Agatha Christie.
En cualquier caso, lo relevante no es la resolución del conflicto, lo relevante es lo que existe alrededor de esa pequeña comunidad, de nuevo ese paisaje de una Europa donde sus habitantes vagan perdidos a la búsqueda de la solidaridad que les ayude a sobrevivir; pero en esta ocasión, creo que más que en ocasiones anteriores, hay también un paisaje interior, el desarrollo íntimo para sentir el perdón o asumir que es sólo una palabra.
Porque la Doctora Davin, uno de los personajes mejor creados que ha dado el cine en los últimos tiempos, deberá de descubrir que nada va a borrar el pasado, pero que quizás esa obsesión en su culpa es también otra forma de soberbia.
No hay juicios.
Ni siquiera preguntas.
Hay situaciones reales que debemos admitir, aceptar. Como reaccionemos ante ellas y que decisiones tomemos es cosa nuestra. Pero hagámoslo siendo conscientes de las consecuencias.
También conviene recordar que, en nuestros entornos cercanos, debajo de la superficie en la que nos movemos, existen verdaderas tragedias relacionadas con temas tan crueles como la prostitución, la trata de blancas, la pobreza, el abandono....
Los Dardenne han vuelto a su textura despojada, a una narrativa y a una caligrafía transparentes que le sientan muy bien a este relato, también a la ternura que les producen todos sus personajes ( probablemente todos los seres humanos, algo que nos muestran en la forma de mirarlos.
Con ellos, y con la soberbia interpretación de Adele Haenel, hada madrina de los desfavorecidos a la que la vida recuerda que es humana, nos asomamos una vez más, sin dramatismo ni excesos, a un mundo que nunca deberíamos de olvidar.
Un muy buen cine, digan lo que digan, y un cine necesario.

Público

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