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jueves, 16 de febrero de 2017

TEATRO: LOS GONDRA ( UNA HISTORIA VASCA ) de Borja Ortiz de Gondra

Director.- Josep Maria Mestres
Intérpretes.-
Marcial Álvarez. Sonsoles Benedicto. María Hervás. Iker Lastra. Borja Ortiz de Gondra. Francisco Ortiz. Juan Pastor Millet. Pepa Pedroche. Victoria Salvador. Cecilia Solaguren. José Tomé

Siempre he considerado muy difícil aplicar la narrativa al teatro.
Me refiero a esas propuestas en que el género dramático parece acercarse a la novela.
Borja Ortiz de Gondra no sólo se enfrenta a un proyecto de este nivel sino que además lo extiende en el tiempo. Su objetivo es una saga familiar, claramente la de su familia, en un desarrollo temporal inverso.
Son tres etapas.
La primera, la más larga y creo que la más sólida, nos enfrenta a la convivencia en el País Vasco con el terrorismo de ETA.
La segunda se remonta a la Guerra Civil , a las venganzas que siguieron a la contienda.
La última, llega hasta las consecuencias de las Guerras Carlistas.
En cada tramo, el autor consigue que la acción se extienda entre recuerdos y contiendas, abarcando mucho más de lo que sucede en el escenario, componiendo con ello ese nivel narrativo que citaba en un principio.
En los tres casos, estos conflictos, crueles y empapados en sangre, están anclados en la estructura familiar. Un árbol fuerte pero lleno de ramas capaces de enfrentarse hasta el odio más cruel.
El mensaje es extraño, difícil de afrontar. Tal vez su autor quiera contarnos que la historia vasca, de la que él mismo decidió escapar, se ha anclado desde hace siglos en el odio y en la incapacidad del perdón, y que todo esto, concentrado en estructuras cerradas, en familias endogámicas pegadas al concepto equivocado de patria, sólo puede producir muerte. Tal vez quiera decirnos que sólo abriendo las ventanas y reconociendo que el mundo es grande, se puede caminar hacia la paz. Tal vez no quiera decirnos nada sino sólo contarnos una historia, varias historias, y que seamos nosotros los que saquemos nuestras propias conclusiones.
El texto es necesariamente difícil.
Por ello estoy dispuesto a considerarlo excelente, aunque me parezca tan potente la primera parte que me desequilibra ligeramente el peso de los demás, aunque en algún momento cueste encajar a la perfección el árbol genealógico, aunque el final no termine de llenarme.
A cambio, es impresionante como consigue manejar esa colección de personajes tanto en escenas corales ( las más ) como íntimas. También su capacidad para dibujar personajes con una definición extrema. Consigue contar y emocionar. Consigue implicarnos.
Está claro que el autor está contando una historia que le toca muy de cerca, y , generosamente, nos la regala con sinceridad. Nos atrapa.
Por lo que respecta a la producción, sortea con inteligencia la dificultad de moverse entre diferentes escenarios. Lo hace con pocos elementos, la pared de un frontón y unas excelentes proyecciones que nos guían y nos completan la narración ( pocas veces el actual abuso de las imágenes de video están tan justificadas ).
También, o especialmente, es perfecta la coreografía, los movimientos del grupo, esos bailes con los que se adorna la historia acercándolas mucho más al entorno étnico en el que se enmarca, su base cultural.
La interpretación merece comentario aparte:
Diez actores ( y un autor ), se transmutan en el escenario en una colección plural de personajes, enlazados en la sangre pero totalmente diferentes. Son tan perfectos que es fácil identificarlos sin que nos produzca ninguna confusión. Aunque me cuesta mucho, voy a comprometerme con no decir ningún nombre, no citar a ninguno. Sería injusto. Porque lo cierto es que no sólo no hay ninguno que desentone sino que todos componen con infinidad de matices los personajes que les han tocado en suerte.
Esta obra coincide este año, en el ámbito cultural con Patria, la excelente novela de Fernando Aramburu que comenté aquí hace poco. Me parece importante, muy importante que se haya terminado el silencio. Pero sobre todo, debemos de aprovechar la sinceridad de estos dos creadores para evitar reducir el conflicto que tanto dolor ha causado, a una imagen de las noticias; detrás hay seres humanos, mucho dolor y mucha historia.
Gracias, sin duda, a quienes se atreven a hablar.
Gracias a quienes nos entregan su vida y la de los suyos.
Gracias a quienes quieren la paz.

Público

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