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martes, 6 de diciembre de 2016

CINE: YO, DANIEL BLAKE de Ken Loach

UK. 2016
Dave Johns. Hayley Squires. Dylan McKiernan. Briana Shann. Sharon Percy. Kama Sikazwe
Palma de Oro Festival de Cannes 2016.

El cine de Loach es transparente, tanto en sus intenciones como en su realización.
En ocasiones es más o menos efectivo ( y efectista ), pero siempre se conforma como un acto de homenaje a sus protagonistas, personas que representan, lamentablemente, a millones de seres humanos que no siempre cuentan con cronistas verdaderamente implicados.
Por lo tanto el cine de Loach puede ser en ocasiones mejor o peor, pero en la mayoría de los casos es un cine necesario.
El hecho de que en el último Festival de Cannes se le concediese a esta, su última obra, el máximo galardón, quiero creer que tiene mucho que ver no sólo con la calidad intrínseca de la película, sino también con la necesidad de no superar esta crisis olvidándonos de las víctimas más cercanas. aquellas con las que posiblemente compartimos ciudades y calles, y que nunca soñaron, en sus peores pesadillas, con tener que enfrentarse a la ola que arrasó todas sus esperanzas y sueños.
Si esta película sirve como señal para que todos nosotros abramos una compuerta a la comprensión y a la piedad frente a la tan abundante indiferencia, estoy seguro que su existencia estará más que justificada.
Daniel Blake es un hombre corriente, un trabajador manual, carpintero, con más de cuatro décadas cumpliendo con sus obligaciones y llevando a cabo una vida sin excesos, acorde con las normas, suficiente para él. Un mal día, víctima de un problema de corazón, entra en la maraña burocrática establecida en su país para solicitar las ayudas estatales. Y es a partir de ahí, fruto de una contrariedad de la que sólo es víctima, cuando tiene que entender lo fácil que es dejar de ser un ciudadano en el sistema para convertirse en un número, una molestia, una carga o, en el peor de los casos, un enemigo.
En ese trayecto, conocerá a otras personas como Katie, en peor situación que la suya. Ofrecerá y recibirá una solidaridad que sigue siendo la savia con la que la bondad prevalece en un mundo tan feroz. Sentirá la necesidad de luchar.
La rebelión de Daniel Blake no es grandilocuente, no es salvaje, no agrede. Tan sólo es una rebelión de personas corrientes que necesitan alguna vez, dejar claro que, aunque tengan que aceptar esas políticas inhumanas, saben que siguen siendo por encima de todo seres humanos, y quieren tener el derecho de decirlo.
Posiblemente , lo más importante de la rebelión de Daniel Blake sea la existencia de la película de Loach y su capacidad para llegar a mucha gente.
Porque lo más importante es que seamos conscientes que, aunque en muchos momentos nos cueste creerlo, lo que se cuenta aquí es verdad, y no sólo puede pasarle a los desheredados, hoy día cualquiera podemos llegar a encontrarnos en una situación así.
En la transparencia de su realización no caben estilos, y es de agradecer que tampoco trucos o trampas efectistas. Dudo, tristemente , de que se pueda hablar de maniqueismo y falta de matices en el perfil de algunos de los funcionarios públicos que retrata.
Contribuye a tanta realidad un conjunto de actores que, como siempre en este director, parecen sacados directamente de la calle; entre ellos, destaca la fuerza resquebrajada de Dave Johns, grande a pesar de que al parecer es esta su primera película, capaz de crear un personaje ( decir persona sería más adecuado ) al que entendemos y en quien podemos reconocer a muchos otros.
Como he dicho antes, el cine de Loach es necesario.
Personalmente, entre sus obras prefiero Mi nombre es Joe o La Cuadrilla, pero Yo, Daniel Blake nos consigue situar de nuevo en ese lugar desde el que debemos de ser capaces de mirar el mundo, de no cerrar los ojos, de asumir nuestra responsabilidad en lo que ocurre ahí fuera.

Público

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