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viernes, 23 de diciembre de 2016

CINE: EL TESORO de CorneliuPorumboiu

Rumanía 2016
Toma Cuzin. Adrian Purcarescu. Corneliu Cozmei. Cristina Cuzina Toma. Nicodim Toma. Dan Chiriac. Julia Ciochina

Hay una escena de esta extraña y estupenda película que creo que resume claramente el estilo y el tono de la cinta:
Cuando se abre la caja, esta ocupa de forma frontal el total de la pantalla, de una forma geométricamente perfecta. Poco a poco se van abriendo los compartimentos interiores, también como una cuadrícula sin fisuras.
El Tesoro es una película en un estado transparente y ordenado, donde todo está al servicio de la narración, de una forma absolutamente lineal.
Porumboiu se descubre como un observador que no necesita convencernos de su estilo, o quizás su estilo sea no tenerlo o no tener que demostrarlo.
El protagonista es un hombre corriente, al límite de su capacidad económica , que vive tranquilo con su esposa y su hijo, a quien lee cuentos antes de dormirse.
Todo comienza con la visita de un vecino. Necesita dinero para seguir adelante y una vía es intentar encontrar el tesoro que, al parecer, hace muchos años, ante la amenaza de la llegada de los comunistas, su abuelo enterró en un jardín.
El siguiente episodio es una larga jornada de estos dos personajes, más el que maneja el detector de metales, buscando y cavando. Será noche cerrada cuando encuentren la caja que les deparará ( a ellos y a nosotros ) una agradable sorpresa.
Están cerca estos ciudadanos corrientes de aquellos que Beckett puso a esperar a Godot. Va a resultar que el absurdo aparente es mucho más cotidiano de lo que pensábamos.
No hay esquinas, no hay derivaciones ni segundas lecturas. Ya he dicho que El Tesoro se atreve a contar de forma transparente su historia. Con ello, es también el cuadro transparente de una sociedad aun con efectos secundarios del régimen gris y cruel de Caucescu. De su miedo a la autoridad, de su necesidad hacia la propiedad, y de su cierta ingenuidad, inmadurez, que les lleva, o lleva a su director, a atreverse sin rubor a beber de los cuentos infantiles y los deseos que los hacen tan necesarios.
Porque otro bonito referente a tener en cuenta en El Tesoro es ese: que bebe de los cuentos, del cuento más repetido, el de aquel que encuentra su suerte enterrada, nada menos. Sorprende que esa búsqueda se transmita, de unos a otros, sin generar suspicacias, con una absoluta confianza en la capacidad de creer de la otra parte ( como ocurre en los cuentos¡ ).
Y para culminar esto, para mezclar el cuento con la realidad, para convencernos de que todo puede llegar a ocurrir, el director nos regala final tan maravilloso que cierra con una sonrisa esta gozosa e inteligente experiencia.
Otro exponente del nuevo cine rumano.
Un último apunte: que películas de latitudes y países hasta ahora desconocidos cinematográficamente se puedan ver con cierta normalidad es una muestra de la pluralidad de la cultura y de la pluralidad de los receptores.
Yo la he disfrutado con una de mis hijas.
En mi época, acudir con 17 años a ver una película rumana subtitulada hubiese servido para ser calificado inmediatamente de bicho raro. Ya no. El mundo es mucho más accesible, aprovechemos todo lo que ofrece, y enseñemos a las nuevas generaciones a abrir los ojos a la curiosidad, sin barreras.

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