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miércoles, 9 de noviembre de 2016

CINE: SULLY de Clint Eastwood

USA. 2016
Tom Hanks. Aaron Eckhart. Laura Linney. Holt Mccallany

Repasando la filmografía de Eastwood en los últimos tiempos, nos encontramos con un dibujo bastante realista de los Estados Unidos de América.
Entre sus héroes, alguno tan cuestionable como el protagonista de la excelente El Francotirador, o incluso el de Gran Torino, a los que, de todos modos, el director se atreve a hacer algo tan políticamente incorrecto hoy día, como otorgarles el beneficio de la duda y reflexionar sobre su figura dentro del entorno que les tocó vivir.
En el caso de Sully todo es mucho más transparente.
Sully es un héroe.
Sin fisuras.
Y lo es dentro de unas circunstancias cotidianas y sin, aparentemente, una proyección previa hacia la grandeza. Es un héroe precisamente porque es un persona normal,  porque nos mueve a pensar que todos podemos serlo, que el mundo, por mucho que en ocasiones parezca un lugar feo, no lo es.
Creo que precisamente uno de los logros de esta narración es trasladar la valoración del piloto por parte de los ciudadanos, que lo coronan desde el primer momento sin ninguna duda, con una emoción y una ternura posesiva.
Quizás Eastwood haya pensado que en estos momentos, su país necesita más que nunca referencias positivas creíbles.
A lo mejor es su admiración real por la hazaña de este piloto lo que le ha llevado a hacer esta película homenaje con total entrega al personaje.
Porque lo cierto es que, si algo se le puede echar en cara , es su economía narrativa, la ausencia de una trama real, estando esta limitada a un mínimo conflicto de duda, donde ni siquiera los inquisidores consiguen escapar del aura del protagonista.
Lo importante es la hazaña, y lo mejor de la cinta está en esa parte central donde vivimos de una forma epidérmica y llena de emoción lo que ocurre aquel día y como se produjo ese insólito aterrizaje en el río Hudson.
Eastwood se ha vestido de Capra, de su mirada positiva, de su ilusión. Y esto no es en ningún modo una crítica . Y menos cuando lo que nos están contando se corresponde con lo que casi se podría considerar un milagro.
Por otro lado, sigue demostrando su habitual solidez narrativa, su capacidad de contar que lo han convertido ya en un clásico.
Puede parecer ingenuo engancharse en este alegato pero a mi me ha ocurrido. No necesito más. Me gusta pensar que hay personas así en el mundo y me gusta pensar que existan directores que quieran contarlo, y que lo hagan, por cierto, con un diseño de producción impecable, un montaje brillante que nos hace sentirnos en uno de esos aviones y aspirar el riesgo de cada vuelo sobre una ciudad superpoblada.
De acuerdo, Eastwood es un cronista de lo grande que es América, y en casos como este ( no siempre ) decide hacerle un regalo a su país y evitar las esquinas y los puntos grises. ¿ Que puede tener eso de malo?.
Me olvidaba , estamos en un país donde a veces se pita el himno...... Que envidia no poder sentirse patriota sin complejos.

Público

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