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martes, 4 de octubre de 2016

TEATRO: SERLO O NO. PARA ACABAR CON LA CUESTIÓN JUDIA de Jean Claude Grumberg

Dramaturgia y Dirección.- Josep Maria Flotats
Intérpretes.-
Josep Maria Flotats. Arnau Puig

Si existiese una cosa llamada "teatro inteligente", esto sería a lo que se ha dedicado Flotats en los últimos años.
Desde Arte de Reza, no falta a su cita en Madrid, generalmente con obras pequeñas en recursos y grandes en contenido, construidas a través de diálogos precisos, valientes a la hora de cuestionar paradigmas, incisivos en la duda.
Y por supuesto, de interpretaciones capaces de sostener esos textos.
Así era La Cena, El Encuentro de Descartes con Pascal Joven, París 1940.... y por supuesto, Serlo o no, el texto que ocupa el Teatro Español y que es totalmente recomendable par cualquiera que una a su amor al teatro, la inquietud por saber.
Decía antes teatro inteligente, y no hay nada tan inteligente como el humor.
Personalmente soy de los que creo que hay que derribar los muro que impiden asumir cualquier situación con una sonrisa, la seriedad impostada, la trascendencia absoluta.
Jean Claude Grumberg, autor que , según nos dice en el programa de mano, se estrena en nuestro país con esta obra, a pesar de ser sobradamente reconocido en Francia, es judío y, en esta obra, nos plantea un dilema: como explicar a alguien ignorante a la materia, lo que eso significa.
También que significa ser judío para quien sabe que lo, al margen de las normas.
Dos vecinos se cruzan en la escalera de la casa donde habitan, y a partir de ahí, comienzan una serie de cuadros rápidos en los que se va produciendo no sólo un acercamiento sino también una especie de somatización.
Lo más valiente, es que se atreva a tomar un tema casi sagrado, como una comedia. Los encuentros entre estas dos personas llegan a ser hilarantes , conduciendo desde la comedia incluso a rozar la farsa. Y lo hace con, repetimos, inteligencia, pero también respeto, mucho respeto. En este humor no hay asomo de burla.
Para recordarlo, Flotats nos regala el largo monólogo que cierra la pieza, protagonizado por el propio escritor. De nuevo hay humor, pero también, sobre todo orgullo y emoción. Una cosa no evita la otra. Orgullo de ser, de vivir, de ser capaz de reír. De asumir una historia trágica desde la ironía.
Ya lo he dicho, es indispensable que un texto así goce de una interpretación perfecta: es su único sostén. Arnau Puig tiene el difícil cometido, superado, de acompañar a un grande. Flotas está, como siempre, perfecto. Cada detalle, cada gesto, es un regalo, nos hace reír y nos emociona, pero sobre todo, nos hace convivir con su personaje, lo es, no lo interpreta.
Lo dicho, teatro inteligente.
El que hace reír y pensar.
El que se atreve con cualquier tema.
El que es necesario. Para conocer.
Teatro actual siempre.
Y al abandonar la sala, tenemos la sensación de que posiblemente olvidar no sea el camino, que hay tragedias que marcarán a la humanidad , pero también de que existe otra forma de afrontarla que nos va a ayudar a ser mejores , más maduros, más merecedores del mundo que se nos ha regalado y al que muchas veces hemos hecho tanto daño.

Público

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