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viernes, 30 de septiembre de 2016

CINE: SING STREET de John Carney

Irlanda 2016
Ferdia Walsh- Peelo. Lucy Boynton. Jack Reynor. Aidan Gillen. Maria Doyle Kennedy. Don Wycherley. Kelly Thornton. Kyle Bradley. Lydia McGuinness. Mark McKenna. Padraig J Dunne. Ian Kenny

Cierto que hay pocos géneros tan artificiales como el musical clásico. Hay que asumir ese artificio para admitir que los personajes, de repente, se pongan a cantar y a bailar. Ojo, no es una crítica, el género me encanta y he disfrutado y disfruto mucho del mismo, tanto en cine como en teatro.
Uno de los pasos de su renovación, vino dado por la intervención de directores en principio tan ajenos como Lars Von Trier y temáticas tan en las antípodas de lo habitual como la de Bailando en la oscuridad.
Pero creo que el verdadero cambio ha venido de aquellos que se han atrevido a unir el musical con el cine realista, empezando por incluir las canciones como algo vinculado de forma natural a la historia. Eso implica, en la mayoría de las ocasiones, que los protagonistas sean músicos, claro.
Nos encontramos en Irlanda en los ochenta. El país, sus habitantes, sobre todo los jóvenes,  miran a Inglaterra, y en especial a Londres, como la Tierra Prometida. Un lugar donde escapar de la miseria y, sobre todo, de la cerrazón provinciana de un catolicismo más fanatismo que religión. Un lugar donde buscar la luz, la novedad, la libertad.
La vida del joven Conor, es como la de muchos otros allí: una familia con problemas económicos y estructurales, un hermano referencial sobre lo que es el fracaso, un cambio de colegio a un entorno mucho más agresivo, y una obsesión por una chica preciosa y un poco peligrosa, en principio difícil de alcanzar.
La música es primero una afición, luego un camino de encontrar el éxito amoroso, y finalmente, una herramienta de superación, de alcanzar la posibilidad de luchar por los sueños.
El nacimiento de este grupo, Sign Street, es la construcción de la madurez, sobre todo para su protagonista principal pero estoy seguro que para todos sus componentes.
He leído , siempre en positivo, que muchos encajan esta película dentro de ese género denominado "feelgood movies", que consiguen apelar a nuestros sentimientos más felices y hacernos salir de la sala con una sonrisa.
Sin embargo, yo creo que es mucho más.
En primer lugar, sin duda es una preciosa historia de amor, delicada y creíble, capaz de alcanzar y provocar nuestra emoción.
Pero también es una reflexión, en primer lugar, sobre la felicidad y, como se dice en algún momento, de la necesidad, para ser feliz, de asumir la tristeza como parte de la vida. También de la decisión personal como timón de nuestras vidas. Y de los sueños, perseguirlos y convertir esa persecución en el objetivo, el camino a Itaca, los resultados ya serán otra cosa.
Sign Street es todo menos una película pequeña aunque pueda parecerlo por su asumida sencillez y humildad. Cuenta con una excelente realización y un guión fantásticamente escrito, un conjunto de personajes perfectamente dibujados hasta el corazón, y, por supuesto, una banda sonora absolutamente electrizante.
Hay que aplaudir también el homenaje del director al musical más tradicional, con una escena jovial, divertida y referencial con las luces y la coreografía más clásica. Es un regalo más dentro de una película excelente, disfrutable, gozosa y llena de momentos, que va creciendo poco a poco, con tranquilidad, hasta llevarnos a esos últimos planos, fantásticos, en el mar, cuando ya ha conseguido que nos entreguemos en cuerpo y alma.
Creo que el mayor valor, por encima de los antes citados, lo que convierte esta cinta en especial, es el amor que John Carney, su director, ha puesto en ella.
Una obra maestra,y además una sesión que se puede compartir sin problemas con los menores. Yo la vi con una de mis hijas y salió tan entusiasmada como yo.

Público

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