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miércoles, 1 de junio de 2016

TEATRO: TIERRA DE FUEGO de Mario Diament

Director.- Claudio Tolcachir
Intérpretes.- Alicia Borrachero. Tristán Ulloa. Abdelatif Hwidar. Juan Calot. Malena Gutierrez. Hamid Krim

Tierra de Fuego no sólo se corresponde con el nombre de un lugar soñado en el fin del mundo para quien ha vivido casi toda su vida entre las cuatro paredes de una celda.
Pienso que en este caso, el título dice mucho más.
Tras escuchar los diálogos descarnados que componen esta inteligente pieza teatral, identifico esa tierra hirviente con Palestina, ese trozo del planeta perdido en la arena del desierto y que lleva décadas en llamas, incendiada por aquellos que llegaron ardiendo de los confines de la historia.
En esa tierra han prendido todos los conflictos posibles entre seres humanos, los que nacen de la venganza y del miedo, los que son causados por las diferencias religiosas, los de la avaricia, la locura, el fanatismo. Los de la violencia justa si tal cosa puede llegar a existir.
Es difícil, lo entendemos, que quienes habitan ese lugar no tengan fuego corriendo por sus venas en lugar de sangre, que puedan olvidar el dolor, que puedan llegar a perdonar algún día, porque el odio es algo que parece filtrarse en el aire, entrar a través de los pulmones.
Hay veces en que el teatro se convierte en documento y reflexión.
Pocas veces de una forma tan clara como en esta pieza que confronta a varios personajes alrededor de la epopeya íntima de una mujer que necesita que su vida se funda con sus ideas.
Escuchamos verdades difíciles de asimilar, nos obligamos a juicios que niegan el juicio que habíamos realizado segundos antes. Intentamos comprender . Y sería erróneo dejarnos llevar por la lectura más simple. Incluso aquellos que deciden mirar hacia otro lado, los que lo llevan decidiendo desde la eternidad, desde que las víctimas eran sus propios hermanos, merecerían nuestra comprensión ante el dolor de sus almas. Son sólo seres que necesitan escapar, que han elegido sobrevivir aunque para ello necesiten renunciar a parte de lo que creen.
No está lejos la obra de Amos Oz , acusado por muchos de traidor sólo por dudar.
Ignoro, al no conocer el texto, que parte del montaje corresponde a la dirección de Tolcachir. En cualquier caso, la propuesta, sobria, mínima, es perfecta para dejar que sea el contenido lo que nos llegue de una forma nítida. Los ligeros adornos en una coreografía integradora y una música sugerente , sirven a la perfección para trasladar un dolor contenido, incomprensible y eterno, casi imposible de superar por la profundidad de las heridas. La propuesta se configura como una introspección de gran densidad que , sin embargo, fluye en el escenario con una sorprendente ligereza.
Alicia Borrachero dota de convicción a un personaje complejo que ve como todo se desmorona a su alrededor pero que no puede parar en su decisión de abrir los ojos; posiblemente otro tipo de interpretación hubiese convertido su conflicto en artificial; en su caso todo es creíble. Hwidar otorga entidad a un perfil que aterra y sorprende por cuanto podemos llegar a rozar la empatía con él. Los demás, en forma de complemento, están también perfectos en sus cometidos que sostienen el desarrollo de la trama.
Todos los que integran este proyecto sin duda entienden y comparten el texto, su nivel de conflicto y sus dudas.
Al final, es impresionante ver al público aplaudiendo en pié. Impresionante y gozoso.
Personalmente creo que lo merece el esfuerzo y la maestría de quienes han puesto de pie el espectáculo. También el autor aunque su texto tenga alguna trampa aparente que sólo es aceptable desde el punto del simbolismo.
Pero estoy seguro de que ese aplauso, se dirige fundamentalmente a la actitud del personaje principal, al mensaje que nos transmite buscando la paz , o al menos luchando por esta posibilidad, en un mundo teñido de sangre , en una tierra en la que si, no cambiamos nuestra forma de mirar, el fuego seguirá ardiendo para siempre.

Público
  

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