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domingo, 26 de junio de 2016

CINE: TRES RECUERDOS DE MI JUVENTUD de Arnaud Desplechin

Francia 2015
Mathieu Amalric. Lou Roy Lecollinet. Quentin Dolmaire. Leonard Matton

Voy a intentar explicar porqué creo que algo, en el propio objetivo de esta excelente película, juega en su contra.
El propio título es definitorio y obvio, nos va a contar el autor tres recuerdos ( no exactamente de su juventud, ya que el primero podría enclavarse en la infancia ).
Tras un breve prólogo que poco aporta como columna vertebral, entramos en el primero; un muy breve sello de una infancia confusa, rodado desde una evocación fantasmagórica, cercana a las referencias de un gótico oscuro.
El segundo ocupa un poco más, aunque sigue siendo breve. Un amago de thriller de Guerra Fría con algo de borgiano en la dualidad.
Y ya llegamos al tercero, el que ocupa más de hora y media de las dos del film. Y también su cartel.
Un joven de provincias estudiante en París, vive su primer amor, a golpe de visitas de fin de semana y vacaciones con la muchacha más deseada de su localidad.
Él, oscuro y poético, ella descarada y perdida. Los dos jóvenes, vitales y románticos. El amor, inseguro , intenso, eterno.
Desplechin ya lo demostró en otras ocasiones, conoce perfectamente la caligrafía narrativa, que maneja aquí con total libertad, desde las ocasiones en que la pantalla se parte y se multiplica hasta regresar a un primer plano, hasta los monólogos a cámara.
Es también sensible y paciente para envolver a sus personajes en un halo de poesía y esperar a captar cualquier matiz que, por pequeño que sea, convierte la vida interior de estos jóvenes en una apasionante aventura.
Creo que pocas veces se ha dibujado con tanta precisión y claridad, con tanto detalle, esa etapa de desconcierto en que uno se asoma al mundo adulto sin contar todavía con los códigos y armas suficientes; aquí tenemos un paisaje sincero de esa especie de país de Nunca Jamás donde habitan tantos niños perdidos.
No sé si la referencia a los recuerdos es real , en cuyo caso se explicaría el nivel de corazón y ternura de esta rememoración.
El caso es que , entre unas imágenes de una belleza serena y con un ritmo delicado,  el director aboga por un romanticismo clásico , elegante, literario, vinculado incluso al género epistolar y creando la figura de un narrador ajeno. Un envoltorio que no siempre encaja con una obra de amor juvenil y que aquí sirve para componer un producto muy hermoso y con mucha alma.
El epílogo está también referido a esta historia a la que otorga cierta trascendencia en el tiempo, alejándola  del olvido de los primeros pasos.
Si la propuesta estuviese compuesta sólo por esta parte creo que me parecería una pequeña obra maestra. No es que las dos previas tengan nada de negativo, de hecho ambas están muy bien planteadas y rodadas y remiten a dos géneros clásicos en el cine, como si fuesen una suerte de homenajes a los clásicos ( también la tercera, podrían ser Clayton, Ford y Truffaut ) . Pero no termino de integrarlos como algo compacto y ralentizan mi entrada en el conjunto.
Quedémonos como siempre en cualquier caso con lo positivo, esta es sin duda una obra importante y, posiblemente, su autor nos esté entregando mucho de si mismo en ella.
Agradezcamos por lo tanto el arte, la humildad y la confianza.

Público

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