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sábado, 11 de junio de 2016

CINE: FRANCOFONIA de Alexander Sokurov

Francia 2015
Louis Do de Lencquesaing. Vincent Nemeth. Benjamin Utzerath. Johanna Korthais Altes. Jean Claude Caer. Andrey Chelpanov

Antes de entrar en materia una consideración importante:
En varias ocasiones he lamentado el casi nulo acceso a nuestras pantallas en régimen de normalidad de ciertas producciones ( La academia de las musas de un autor tan reconocido como Guerin me parece el caso más sangrante de este año ).
Pues bien, ante esa situación, me cuesta entender que una obra como Francofonía ( y uso el vocablo obra como algo más complejo que película ) , sí pueda verse en nuestras salas en horarios comerciales.
Personalmente asimilo esta interesante pieza como una realización de museo, como un ensayo sin duda importante tanto desde el punto de vista narrativo como visual, pero más como fuente de estudio o debate que, por supuesto de entretenimiento.
En este caso sí hubiese entendido que su proyección se vinculase a lo museístico por ejemplo.
Además, quiero señalar que el hecho de que en muchas de sus referencias en prensa se haga mención sobre todo a la peripecia de la amistad comprometida con el arte entre el director del Louvre y el general alemán encargado del expolio de obras durante la Segunda Guerra Mundial, algo que ocupa una parte mínima y casi sólo enunciada del cuerpo total, seguramente ha causado lógica confusión y enojo a algunos asistentes.
Como he dicho antes, creo que Francofonia es un ensayo fílmico, abierto a muchos frentes.
Por un lado, puede verse como un ensayo sobre la posibilidad de difuminar los límites del documental y el cine narrativo. Que duda cabe que, en apariencia, predomina lo primero, en especial en lo que se refiere a los materiales utilizados ( excelente selección, lúcida capacidad para captar el detalle más valioso ). Sin embargo, la presencia del director omnisciente, su libertad y dominio de la obra, introduce líneas que lo alejan del mero objeto de mostrar una realidad; no me refiero sólo al amago de relato ya citado, ni a su propia intervención ( tanto en una extraña conversación con el capitán de un carguero en alta mar como en un genial acercamiento a sus personajes ), también está la decisión de contar con apariciones como la de Napoleón o Marianne, aunque sean episódicas. Pero creo que lo que destaca y aleja el producto del mero realismo y la crónica, es que este responde a las ideas de su autor, incluso a su capricho, de una forma contundente.
Francofonia es , más que un homenaje al arte, un homenaje al Louvre, a su carácter de institución que está casi por encima de la propia Historia. Quizás desde esa mirada puede justificarse admitir un cierto nivel de colaboracionismo a la hora de salvar el pasado; incluso en un paralelismo con lo ocurrido en Stalingrado y representado en el Hermitage, podría pensarse como una parábola sobre la salvación de los propios seres humanos ante el horror de la guerra.
Si ampliamos el espectro, posiblemente la película admite lecturas más amplias, reflexiones más complejas.
En cualquier caso, asumiendo el carácter singular de la propuesta y, una vez más, la sorpresa de encontrarnos una obra así en los cines, hay que destacar que el resultado también sorprende por su agilidad, posiblemente fruto de un excelente montaje pero también de la ausencia impositiva que tantas veces encontramos en productos con vocación didáctica.
Francofonia pide una visión desprejuciada y curiosa, a cambio, ofrece no sólo un producto coherente y nuevo, con mucha base para la reflexión, sino también momentos e imágenes tan geniales como esas dos sillas abandonadas que anuncian el final.
Esperemos que su aparición sea síntoma de que las cosas están cambiando.

Público

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