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sábado, 4 de junio de 2016

CINE: AHORA SÍ, ANTES NO de Hong Sangsoo

Corea 2015.
Jae Yeong Jeong. Min Hee Kim. Asung Ko

La mayoría de comentarios que he leído sobre esta delicia de película, parecen centrados en su estructura. Sin duda es una apuesta comprometida a nivel narrativo y resuelta con inteligencia y sensibilidad: su director conforma un díptico donde la misma historia, un breve encuentro entre un director de cine famoso y una aspirante a pintora, se repite con ligeras variante, invitando al espectador a dejarse sorprender por las diferencias que pueden producir cambios en apariencia muy pequeños.
Además, en la segunda opción , se beneficia de toda la información adquirida a la primera y , con esos datos, se genera una interesante tensión para saber como va a concluir el relato.
No pretendo hacer de menos a ese reto, a esa peripecia formal.
Sin embargo, lo que a mi consigue atraparme en esta cinta es su contenido, o tal vez debería de decir su tono.
Creo que Ahora sí, antes no, es un tratado contra la trascendencia impostada, aquella que pretende otorgar densidad a cada momento y que rechaza como enemigos conceptos tan humanos y cotidianos como la ligereza, la sencillez, o incluso la frivolidad ( siempre tan denostada, siempre tan refrescante ).
La vida está mucho más llena de momentos en apariencia sin importancia que de grandes acontecimientos, y considero que la verdadera sabiduría, posiblemente también la forma de obtener lo que verdaderamente es trascendente en nuestra existencia, es conocerlos, disfrutarlos y entender que son los que conforman nuestro tiempo en este mundo. Me gusta mucho una frase cuyo autor no recuerdo que dice algo así como que la vida es aquello que pasa mientras estamos pensando en ella.
Considero la primera parte de la película desde ese punto de vista. Si bien el autor consigue una agilidad en los diálogos propia de Linklater, lo cierto es que veo a sus personajes lastrados por esa necesidad del más allá, de conseguir como objetivo la eternidad. En la segunda no faltan aristas, sin embargo, el romanticismo se manifiesta de una forma mucho más nítida, como aquello que permite a sus personajes extraer lo mejor de cada momento, sabiendo que lo importante es poder disfrutar de esos presentes y almacenarlos en el recuerdo; mucho más que negarse a ellos por pensar que no tendrán futuro.
Sólo un director con un pulso firme, de maestro, puede conseguir dotar estas dos horas de esa apariencia de ligereza, con esos apuntes musicales juguetones y ese Buda que parece ofrecer una segunda oportunidad a sus personajes, dotar de un aire de cuento a este relato de amor.
Sólo alguien así puede darnos una información tan compleja y tan completa de sus dos protagonistas bajo la apariencia de una serie de diálogos intrascendentes.
Sólo alguien así es capaz de hacernos sentir tan cómodos, tan cercanos, y de percibir de una forma tan cristalina los regalos que podemos encontrar si somos capaces de tener el corazón abierto y no esperar más que lo que se nos ofrece.
No está lejos algo en apariencia tan lejano como el Breve Encuentro de Lean, pero el coreano consigue poner alegría y ternura donde imperaba la tristeza. Otro de sus logros También podemos recordar a Rohmer y su aparente ligereza.
Y por último:
Hong Sangsoo en esta pequeña joya de cámara, cambia o amplía el concepto de final feliz. No. No voy a decir nada más para no destriparlo, pero lo cierto es que sin alcanzar la comodidad de lo previsible, creo que no hay nadie que no saliese de la sala con una sonrisa.
Para no perdérsela.
Cambiando de tema: En la editorial del último número de Caimán, Carlos Heredero habla de la situación recurrente de que sea necesario esperar a estas fechas para acceder, a veces con casi un año de retraso, a ciertas propuestas exóticas que, pese a la alabanza de la crítica, no encuentran otro hueco en la cartelera. Sí es cierto que el verano temprano se ha convertido, a efectos de las salas de versión original, en un tiempo de regalos difíciles de encontrar en épocas de blockbusters. No me molesta, es un buen fin de temporada aunque entiendo su inquietud. La mía sigue siendo la misma que ya comenté otras veces, que películas como los tres recuerdos de Desplechin hayan durado sólo una semana en horarios normales. Una pena.

Público

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