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jueves, 7 de abril de 2016

NOVELA: LA TIERRA QUE PISAMOS de Jesús Carrasco

Seix Barral- Biblioteca Breve
272 páginas
También disponible en ebook.

Estoy seguro que para un escritor que consigue con su primera novela el reconocimiento de crítica y público que alcanzó Intemperie de Jesús Carrasco, publicar la segunda debe ser lo más parecido a un examen de revalida.
A la expectación se suma cierto sentimiento algo hispano de cuestionar al genio, de aceptar sólo la suerte del principiante. Todo dispuesto para buscar defectos que , sin duda, se aceptaron sin cuestionar en la primera entrega.
Pues bien , Carrasco ataca de nuevo.
Y aunque he leído críticas tibias y alguna que llegaba a hablar de novela fallida, en mi caso me confirma que nos encontramos ante un narrador singular, valiente y al margen de las modas.
No existe ya la sorpresa: la que nos produjo encontrarnos con una obra que estilizaba el mundo rural hasta universalizarlo y crear un paisaje de sensaciones y sentimientos donde los elementos externos eran sólo el árido marco donde se desarrollaba la acción, admitir la crueldad sin concesiones.
Eso ya lo esperábamos. Y está. Pero también hay cosas nuevas.
El escenario es parecido. El tiempo, más definido, el de una España como colonia de un gran imperio que parece haber cubierto toda Europa, casi el mundo entero. Tengo la sensación de que la ucronía se refiere a una Segunda Guerra Mundial donde Alemania hubiese alcanzado sus objetivos.
La historia, la de una mujer que , a pesar de su rebeldía, tiene que llegar a entender que hay injusticias y dolores que ni siquiera su mente en apariencia abierta está a la altura de imaginar . Algo parecido a la situación de los habitantes de los pueblos vecinos a los campos de concentración , que no se resisten a asumir que si no supieron es porque no querían saber.
El conocimiento le llega a través de un hombre extraño y de su necesidad de emprender una pequeña rebeldía frente a su situación de anciana solitaria alrededor de un marido enfermo. Esa curiosidad, que la va enganchando como una enredadera, la conduce a conocer el horror.
Carrasco desgrana la historia entre palabras inconexas , informaciones externas e imaginación de la narradora, y con estas pìezas conforma un relato que también nos puede servir como una muestra del proceso de creación y de descubrimiento de la realidad. Mezcla con gran acierto tiempos y momentos en una amalgama que parece ir construyéndose por si misma.
De nuevo no nos ahorra crueldades ni intenta desengrasarlas con humor o ligereza.
De nuevo, también, el lenguaje se convierte en sus manos en una herramienta de trabajo, precisa y de una hermosura petrea. Sólida.
Se puede echar en cara a La tierra que pisamos cierta falta de progresión dramática ; si fuese una obra más larga, eso pesaría; en su justo tamaño, queda como una escultura imponente en su perfección sobre las caras oscuras del alma humana.
Por mi parte, el ejercicio es sobresaliente. Aunque tan duro que, al terminarlo, necesitemos buscar aire fresco que respirar.

Público

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