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martes, 12 de abril de 2016

NOVELA: LA NOCHE DE LOS ALFILERES de Santiago Roncagliolo

Alfaguara
420 páginas
También disponible en ebook.

Uno de los temas más importantes del género negro es el mal.
Su tratamiento desde esa ambigüedad que puede llegar a justificarlo, que muestra su nacimiento y, como no, sus consecuencias, requiere sinceridad, riesgo y una mezcla extraña de pudor y valentía para no caer en el exhibicionismo.
Creo que es lo más difícil: cuando se decide utilizar un entorno cotidiano, cuesta trazar esa línea tan sutil que permite que, sin darnos cuenta, todos nos movamos entre un lado u otro.
De eso habla, y habla muy bien, La noche de los alfileres.
Roncagliolo ya tocó el género, con personajes adultos, más aceptable para todos. Ahora conforma una especie de El señor de las moscas urbano , en el que cuatro chicos de quince años , todavía en ese terreno donde la realidad se mezcla con la ficción y cualquier problema menor puede generar un miedo furioso, se ven enredados en una historia cruel.
Desde las primeras páginas , narradas a cuatro voces, nos encontramos con cuatro retratos perfectamente trazados de estos personajes ; individuales, singulares, tan verdaderos que es difícil de creer que no estén inspirados en la realidad.
Esas páginas llenas de humor y de frescura, se van oscureciendo a medida que tienen que ir afrontando las consecuencias de unos actos en los que el juego se ha convertido en algo peligroso. También se tiñen con la desesperanza y la sangre de una Lima violenta, interior y exteriormente ; de una sociedad estereotipada que quiere así dibujar la normalidad en una guerra civil encubierta.
Si los hijos son herederos de los pecados de sus padres, si a ciertas edades no tienen más posibilidad que intentar sobrevivir dentro de los entornos hostiles, los cuatro amigos de esta novela son más dignos de compasión que de cualquier castigo.
Está claro que el autor los mira con cariño pero sin condescendencia. A fin de cuentas , han llegado a hacerse mayores.
La historia se desarrolla con una gran agilidad a la que colabora un lenguaje rico, adaptado a cada caso, vital. Quizás por eso, en algún punto se echa en falta que siga fluyendo la carga de energía. Aun así es una mancha menor en una obra casi siempre apasionante, necesaria y dolorosa.

Público

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