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domingo, 17 de abril de 2016

NOVELA: HIJOS DEL DIOS BINARIO de David B.Gil

Suma de Letras
576 páginas
También disponible en ebook.

Hace no mucho, quizás uno o dos años, tuve la suerte de leer una novela que, habiendo sido finalista del Premio Fernando Lara de Novela, sólo había conseguido publicarse en digital, pero que parecía atrapar a todo aquel que se acercaba a sus paginas.
Se titulaba El guerrero a la sombra del cerezo, y se trataba de una ficción histórica situada en el Japón medieval.
Comprendí de inmediato la devoción que generaba ( al parecer salvo en los editores ), no sólo era una excelente narración de aventuras sino que además conseguía que recobrásemos el primer placer de la lectura, ese con el que a muchos nos han envenenado autores como Verne o Salgari.
Sabía que David B. Gil estaba trabajando en otra novela y me bastó encontrarme con que ya se había publicado para abalanzarme. Aun así tengo que reconocer que había cierto miedo a la decepción, no iba a ser fácil mantener el nivel de su primera obra.
El riesgo aumentó al hojear la contraportada : nada que ver con su primera propuesta.
Hijos del Dios Binario es una obra de ciencia ficción, no excesivamente lejana en lo que se refiere a entorno ( un mundo del que recorremos las principales capitales ), ni en el desarrollo de los seres humanos, con sólo alguna pequeña "evolución". Sí lo es sin embargo en la traslación de otra realidad, aquella creada por las redes y la información, que parece conformar una capa paralela, una dimensión casi espiritual a nuestra existencia física.
En estas coordenadas, se conforma un thriller genético, una trepidante epopeya de lucha, ya no entre países sino entre corporaciones, que nace en diferentes frentes pero que terminará confluyendo con verdadera maestría arquitectónica.
Hay adrenalina a raudales, pero también una extraña pátina de serenidad que posibilita el desarrollo adecuado de sus diferentes personajes, tanto principales como secundarios. Parece que a pesar de la necesidad de saltar al siguiente estadio de la trama, no hay prisa, sino respeto por el lector a quien se va dotando de toda la información necesaria. Cada pieza de esta puzzle tiene entidad suficiente por si misma, aunque sólo vayamos a contar con ellos en un reducido número de páginas.
O sea, en resumen,  que no hay lugar para la decepción.
B. Gil lo consigue de nuevo, nos deja entrar en su universo y sabe que, una vez que lo hemos hecho, nos va a costar mucho escaparnos. Es una experiencia apasionante.
Quizás se podría opinar que, desde Verne, su autor ha girado un poco hacia, por ejemplo, las primeras obras de Phillip Kerr,, aquellas que escribió el inglés antes de dejarse llevar por la saga de Berlin Noir,  Posiblemente una evolución natural.
Y ahora a esperar.
Lo malo de engancharse a un autor contemporáneo, es que no hay fondo de lectura.

Público

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