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sábado, 16 de abril de 2016

CINE: EL JUEZ de Christian Vincent

Francia 2015
Fabrice Luchini. Sidse Babett Knusen. Miss Ming. Michael Abiteboul

Creo recordar que hay una película americana reciente con el mismo título. No es demasiado original. Lo que sí lo es, es la manera de afrontar esta historia pequeña por parte de su guionista y director, así como su posición dentro del género judicial, una variante del género negro que nos ha dado obras maestras apasionantes pero pocas tan interesantes y tan delicadas como esta.
No nos engañamos durante mucho tiempo: si bien la cinta tiene como base un caso de asesinato bastante sórdido en una ciudad francesa de provincias, ya desde su inicio, nos damos cuenta de que la mirada de su director está más interesada en su personaje central, en ese hombre que parece encontrarse en una encrucijada de su vida, no demasiado empático y, posiblemente, algo desengañado de su oficio.
Conocemos más tarde al jurado y a otros funcionarios que se mueven a su alrededor, también al acusado y a los testigos. Juntos van formando un pequeño microcosmos plural, tanto en sus orígenes y posiciones sociales como en sus actitudes. También van dejando caer pequeñas referencias cotidianas de algo tan ligero y , en la mayoría de las ocasiones tan poco dramático, como la vida.
En ese ámbito, junto con el desarrollo del proceso, donde no existen las pesquisas judiciales tan habituales, es donde se nos presenta un debate sobre la importancia y la veracidad de la justicia y su posible teatralización. No hay respuestas, diría que ni siquiera preguntas, lo que hay es una recapitulación bastante realista, sin efectos ni intromisiones, y un discurso a no olvidar del protagonista sobre cual es la función del estado y sus servidores en esos casos, así como sobre la posibilidad de que la verdad nunca salga a la luz.
El resultado no importa, pero no lo echamos de menos. Han conseguido que lo que nos importe de verdad sea seguir contemplando a sus personajes, todos, y no ese final que la hubiese convertido en una cinta convencional.
Porque El Juez es algo más.
Sobre todo, es una historia de amor; ya la he calificado de delicada, también podría decir que es sencilla, hermosa, veraz. Como un Chejov que se limita a retratar un periodo concreto, atisbando las miradas, los gestos, las palabras que se dicen y las que no se dicen, y consigue hacerlo con una limpieza absoluta.
No habría sido posible tanta verdad sin dos actores como los protagonistas. No hay un sólo secundario, y son muchos, que no suene cierto, pero en ellos pivota el riesgo absoluto de la propuesta, y lo superan con creces.
El Juez me ha sorprendido, me ha llegado, me ha transmitido belleza y felicidad, lucidez.
Es transparente, es como el cristal o como el agua.
Me parece una de las mejores películas que he visto últimamente, una de esas maravillas sorprendentes que no sabemos porqué consiguen alcanzar una grandeza y una levedad muy poco habitual.
Hay sensibilidad pero también mucha inteligencia. Creo que son esos, al final, los verdaderos ingredientes de la magia.
Maravillosa.

Público

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