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domingo, 21 de febrero de 2016

NOVELA: LOS SUPERVIVIENTES de Jimina Sabadú

Algaida
320 páginas
También disponible en ebook.
Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla

Hace unos años, no muchos, me impactó una novela extraña y compleja, al parecer ópera prima de su autora, titulada Celacanto.
Ese monstruo anfibio primitivo ( si recuerdo bien ) era el referente de los miedos infantiles que se sufrían en la soledad, de un retrato íntimo de alguien para quien esos años no habían sido ni mucho menos los años del paraíso.
Era una obra densa, dura, llena de corazón y de dolor. Posiblemente difícil pero también de las que encierra uno de esos importantes regalos de identificación.
No pudo dejar de recordarme a las crónicas de infancia de Ana María Matute, aunque con mayores dosis de oscuridad. Quizás, pensé entonces, su autora fuese accediendo a una mayor luminosidad a medida que creciese y pudiese afrontar su propia vida de otra manera.
En Los Supervivientes, la escritora trata de nuevo ese tema,  ya identificable como acoso escolar para toda la sociedad, y no escondido del todo en el corazón de cada víctima, como ocurría en otros tiempos.
Pero , tal vez por una mayor ambición o por la necesidad de acceder a un mayor número de lectores, son muchas las características que separan Los Supervivientes de Celacanto.
Por un lado, en la primera había misterios, introspección; aquí todo es reconocible, transparente, no existe nada singular que no podamos conocer en una primera lectura, que no conozcamos ya incluso como personajes cercanos. Situaciones que pueden ser incluso parte de vivencias personales en su falta de extrañeza.
En segundo lugar el foco se diluye en un retrato coral de distintas edades y, por ser claro, de distintas etapas del fracaso. Todas de alguna manera vinculadas al colegio, al mismo, como si fuese ese modelo educativo una especie de central nuclear capaz de contaminar para siempre.
Quizás la lectura sea analizar los restos de una infancia que permite una sociedad que sólo conoce el éxito y el dinero como moneda de cambio, que sólo utiliza esa medida. Tal vez sea simplemente el mensaje pesimista de alguien que espera muy poco de la sociedad en la que vivimos, capaz de crear toneladas de seres insatisfechos.
Creo que la colocación de la literatura y sus talleres como fondo es más una anécdota personal de su autora, utilizando algo que posiblemente conoce bien.
El resto, como ya he dicho, perfectamente reconocible.
Así junto con los alumnos maltratados y maltratados, desfilan sus padres con sus propios problemas y visiones de lo que ocurre, los profesores del colegio acechados por la soledad y un futuro incierto, algunos capaces de empatizar con las víctimas y otros trasuntos de un inmovilismo que ha sido muy dañino, los antiguos alumnos con necesidad de reencontrar el pasado y los que huyen de él, los que buscan amar y ser amados y aquellos que sólo han aprendido a aborrecer como un limitado mecanismo de defensa.... todos meros apuntes, bien delineados pero sólo eso, delineados, como los problemas que ocultan.
Ni siquiera la ironía, inteligente, se acerca lo suficiente a la piel como para poder convertirse en un arma. Hay humor en ciertos comentarios muy acertados , pero no inciden más que en la crónica de un dibujo.
Y por supuesto el miedo, su densidad, está muy lejos del de su primera novela.
Los Supervivientes es un tapiz, un collage ligero, bien escrito.
Pero lejos de la esperanza de Celacanto y de su visión poliédrica y misteriosa de la, posiblemente, etapa más importante de la vida de cualquier ser humano.
Esperemos que Jamina Sabadú retorne a esas páginas que, seguramente, le hicieron sufrir mucho más que la que ahora nos entrega. Aunque lo cierto es que también ella tiene derecho al descanso de guerras pasadas y tan crueles.

Público

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