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domingo, 7 de febrero de 2016

NOVELA: EN LAS AGUAS DEL VIEJO MANHATTAN. OLD MANHATTAN de Ana María Preckler

Huerta & Fierro Editores
178 páginas

Creo que le debo a Walter Scott ( y por supuesto a mi padre ) mi interés infantil/ juvenil por la novela histórica.
El exotismo de esas historias que nos ayudaban a viajar en el tiempo, eran en si mismo una aventura que justificaba el amor a la lectura.
Posteriormente, en las últimas décadas, el género volvió a ponerse de moda.
Pero el resultado es en muchas ocasiones decepcionante.
La novela histórica entonces, o digamos mejor la pátina histórica de ciertas novelas, se convirtió en un conjunto de colores con los que dibujar un paisaje más o menos atractivo en el que enclavar una historia cualquiera.
No sólo falta por regla general rigor, sino que estas narraciones se han convertido en una muestra continua de anacronismo.
Por todo ello, me congratulo cuando me encuentro con una autora como la que ahora nos ocupa, y es que creo que, por encima de todo, Ana María Preckler es historiadora mucho antes que novelista.
Lo primero que llama la atención en esta obra es su precisión, su didactismo a la hora de situarnos en el marco temporal, integrando a la perfección el mundo físico con el moral y social de la comunidad que lo habita.
En este caso, una gran ciudad que, formada por diferentes grupos étnicos, no tarda en convertirse en un perfecto y complejo microcosmos del mundo que se extiende a su alrededor, un mundo que pronto se verá desbaratado por dos guerras terribles.
A partir de ahí, nacen unos personajes que son hijos perfectos de su tiempo, en sus comportamientos, en sus ideas y en su pequeña historia. Ninguno se contradice, ninguno nos engaña, desde los principales a los secundarios todos son perfectamente creíbles, y esto hace que también lo sea su epopeya.
Esta es la tercera novela que leo de su autora, junto con otros textos y reflexiones igual de valiosos.
Me recuerda a la primera, Los resquicios del bosque. Pero lo cierto es que desde entonces hay una evolución muy positiva: en aquella tenía la sensación de que, siendo muchísima la información histórica con la que cuenta su autora, le costaba mucho no incluirla de una forma u otra en la narración; esta de ahora está más contenida, más limitada. Creo que es más novela.
De todos modos, una pega: Preckler es maestra en estructurar el desarrollo de sus historias que, como he dicho, encajan a la perfección en su tiempo histórico, pero a mi se me quedan cortas. Me gustan mucho y me gustaría que fuesen más extensas, para poder avanzar en unos personajes que se han dibujado con trazo firme pero de los que querríamos saber más.
Espero pues encontrarme de nuevo a James, el narrador de este Old Manhattan.
Y a muchos otros.
La novela histórica está de enhorabuena con una novelista de este nivel.

Público

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