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lunes, 4 de enero de 2016

NOVELA: LA LEY DEL MENOR de Ian McEwan

Anagrama
216 páginas
También disponible en ebook.

Tengo que reconocer que en ocasiones me cuesta no mezclar al equipo de autores británicos de Anagrama.
Es cierto que posiblemente Amis sea el más sofisticado ( y tal vez el más pedante ), Barnes el más histórico, Kuseishi ( posiblemente al que me siento más cercano) el más nostálgico... y Mc Ewan el más chejoviano ( inteligente en la lucidez y la precisión de su mirada, así como en sus asomos de ironía).
No coloco en el tiempo Expiación y Sábado, pero creo que es en estas dos excelentes novelas cuando su ritmo comienza a hacerse más pausado y su descripción de la realidad que retrata más cuidadosa, más certera , tanto en lo que se refiere al entorno como al interior de sus personajes.
Pero siempre hay un acontecimiento externo, generalmente a través de un personaje desubicado y contundente , que viene a trastocar el paisaje ordenado que antes se había pintado ante nuestros ojos , para obligarnos a cuestionarlo ( en este sentido creo que la muestra más obvia era Amor perdurable, si es que recuerdo el título correcto ).
La ley del menor tiene lo mejor de su autor .
Desde el inicio, asistimos a una crisis matrimonial en el seno de una pareja burguesa , perfectamente acomodada y de un nivel intelectual apreciable. Es tal el nivel de realidad que llegamos a tener la sensación de estar atisbando desde la cerradura como esos dos personajes se revuelven en el cansancio y la necesidad.
La humanidad salta en cada declaración, en cada duda.
La perspectiva es la de Fiona , una juez reputada y segura de si misma en su ámbito laboral, tanto que , a través de la descripción de alguno de sus casos , no podemos dejar de sorprendernos de su capacidad para tomar decisiones que la acercan a ser un pequeño dios que decide sobre la vida y la muerte.
Cuando un muchacho abocado a un fallecimiento temprano entra en escena , nos daremos cuenta de hasta que punto pueden resquebrajarse nuestras fachadas , nuestros andamios , al tener que enfrentarnos con algo tan complejo o tan simple como el alma humana.
La ley del menor podrá ser base para muchas líneas de debate.
Por supuesto, quien tiene esa capacidad de decidir , pero también, hasta donde llega la responsabilidad de la ley o cuales son los niveles de protección que verdaderamente se pueden establecer desde el marco jurídico.
Quien es capaz de no estar contaminado en su toma de decisiones.
O incluso, si el poder real está en la experiencia de quien ya ha consumido gran parte de su existencia o en la juventud rabiosa de aquellos que comienzan a asomarse al mundo y tienen el derecho de gozar de todo lo que este está dispuesto a ofrecerles.
Mc Ewan es capaz de enunciarlo con claridad , con transparencia, sin tener la soberbia de darnos las respuestas , sólo ayudándonos a plantearnos las preguntas. Posiblemente él esté tan desorientado como cualquiera de nosotros en un tema tan complejo y tan vital.
Pero en este periplo no olvida a sus personajes . Es una novela , no una tesis . Y por ello, asistimos con cierta tristeza a la ternura que crece entre aquellos que han aprendido a estar juntos , a necesitarse, a entender que cualquier larga historia de amor está abocada, hermosamente abocada, a convertirse en una sólida amistad.
Para todo ello, sólo necesita poco más de doscientas páginas . Porque no hay nada que sobre en esta obra , perfecta en su estructura y en su desarrollo, en su dibujo y en su visión interior.
Una novela perfecta y una obra muy importante en el mundo en que vivimos.
Quizás son demasiadas las preguntas para las que no tenemos respuesta.
Tal vez haya llegado el momento de sentarnos a reflexionar.

Público      
 

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