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viernes, 22 de enero de 2016

CINE: LA JUVENTUD de Paolo Sorrentino

Italia 2015
Michael Caine. Harvey Keytel. Rachel Weisz. Paul Dano. Jane Fonda. Tom Lipinski. Ed Stoppard. Madalina Diana Ghenea

Estoy seguro de que no soy el único que, después de disfrutar con la desmesurada y operística La gran belleza,  esperaba con verdaderas ganas La juventud.
Pues bien, no decepciona. Ha merecido la pena esperar. Sin duda.
Todo aquello que estaba en la previa, está en esta, me produce la misma fascinación, pero que esto no lleve a confusión: en ningún caso nos encontramos ante la repetición del modelo, La juventud es una obra singular, con su propia personalidad, aunque está claro que detrás está la misma mano, la de un imaginativo discípulo de Fellini, la de un creador desbordado y, sobre todo, muy atrevido.
Roma en aquella, en esta un hotel en las montañas de Suiza, con apariencia de clínica de reposo.
Allí un hombre, que miraba el mundo desde su sabiduría y su desengaño.
Aquí dos amigos, dos creadores, uno director de orquesta y otros director de cine, ya en la tercera edad y , también desde la sabiduría, intentando avanzar.
También secundarios dibujados desde la humanidad, como una hija, un actor de Hollywood que en ocasiones hace de confidente, los jóvenes guionistas que trabajan en forma de taller creativo.... y la misma capacidad para "mirar" desde la calma y desde el  corazón.
Alrededor, en ambas, un conjunto de personajes plurales y simbólicos, lejos de meros monigotes pero a medias entre la realidad y la estilización. La capacidad para la mixtura perfecta entre la abstracción y lo concreto, entre lo narrativo y lo contemplativo.
Si he calificado de operística la película anterior, en esta la música está aun más presente ( no en vano, como he comentado, uno de los personajes principales es un director de orquesta jubilado ), sumado a un derroche visual, creo que aun más colorista, brillante y plural, convierte la cinta en un derroche de creatividad absoluto que se dirige de forma directa a los sentidos.
Y es que hay que decir que Sorrentino utiliza como objetivo narrativo llegar a la piel más que al cerebro, acercarse a nosotros, al público, a través de los sentidos de la vista y el odio; tal vez deba de corregir la frase anterior: precisamente es el cerebro el que tiene que combinar todas las percepciones para crear un conjunto que se presenta como una pieza de arte total y compleja.
Teniendo en cuenta que esto se combina a la perfección con una línea narrativa más o menos lineal, el resultado es único.
Con esta propuesta formal, Sorrentino nos llama una vez más a detenernos para reflexionar sobre la vida, en este caso, sobre lo que supone la experiencia, el paso del tiempo, y lo que verdaderamente puede entenderse como juventud. La combinación de conocimiento, decadencia física, salud y cansancio vital. Un contenido tan abierto que, estoy seguro, cada uno haremos nuestra personal interpretación.
Creo que capítulo aparte merece la interpretación, en uno de los repartos más homogéneos de los últimos tiempos.
De Michael Caine y Harvey Keytel parece que hay poco que decir; pues sí, se puede decir que están más grandes de lo que nos tienen acostumbrados. Trasladan cada gesto, cada matiz, de su sabiduría, de su decadencia y de su ilusión por la vida.
Rachel Weisz no sólo me parece cada vez más guapa sino cada vez más luminosa, y sobre todo tiene una carrera cada vez más interesante.
Y con respecto a Jane Fonda está claro que no hay papeles pequeños sino actores pequeños, porque en su única participación se come absolutamente la pantalla.
La juventud es de nuevo una película bellísima.
Pero también, y sobre todo, es una película emocionante, capaz de captar la ternura y la melancolía de las relaciones entre seres humanos, siempre con la crudeza de mostrar la realidad pero también con un amplio espacio para la esperanza.
Nos toca la mirada, nos sorprende de forma constante, nos deleita el oído con una maravillosa banda sonora, pero también nos atrapa el corazón.
Una propuesta maravillosa.
De un gran creador.

Público

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