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domingo, 20 de diciembre de 2015

OPERA: DIDO Y ENEAS ( A HIPSTER TALE ) de Henry Purcell

Director musical.- Aarón Zapico
Dramaturgia y dirección de escena.- Rafael R. Villalobos
Intérpretes.- Adriana Mayer. Diego Blázquez. Sandra Redondo. Aurora Peña. Konstantin Derri. Ursula Bardiowska. Thiago Vaz. Javier Povedano
Músicos.-
Blanca Fernández. Alfredo Ancillo. Cristina de Mingo. Elisa García Tejedor. Arantxa Mugica.
Forma Antiqva.-
Daniel Zapico. Pablo Zapico. Aarón Zapico

Mis hijas van creciendo. Como siempre.
Esto, que sin duda es un regalo, tiene algunas pérdidas, entre otras, la de asistir a los espectáculos teatrales infantiles.
Quien haya leído alguna vez este blog, sabrá de mi teoría y beligerancia por defender la necesidad de una educación teatral digna y respetuosa con el público infantil. Y también que, gracias a gente como Aracaladanza, Etcetera, La Baracca etc le debo a este género algunas de mis experiencias escénicas más gozosas.
Todavía me queda alguna posibilidad como asomarme al Programa Pedagógico del Teatro Real de Madrid, en el que propuestas, como esta, pueden alargarse hasta rozar la adolescencia.
Es una suerte. O lo ha sido ayer. Porque este Dido y Eneas, subtitulado A hipster tale, reúne los valores a tener en cuenta para apoyar este tipo de iniciativas.
Por un lado, muy importante, no se pierde el respeto a la pieza por dirigirla a otro tipo de público. La ópera es la ópera y como tal se presenta, musicalmente elaborada, con calidad y exigencia, apurando la belleza vocal y su nivel de dificultad. No hace falta ( lo que generalmente no es más que una excusa ) vulgarizar una pieza para hacerla asequible. Este Dido y Eneas es una producción operística sólida, independientemente de a quien va dirigida. Sí hay una reinterpretación del texto ( simple, adecuada, ejemplar ) pero para eso no hace falta jugar con niños, dadas las barbaridades que en los últimos años hemos visto en el mismo escenario.
Trasladar la trama a una fiesta infantil de cumpleaños ( con bullyng por medio ) no es más atrevido que aquel elisir de amor en una playa ibicenca u otras ocurrencias similares. Además aquí está justificado, si atendemos a la limpieza del mensaje.
En segundo lugar, fundamental, respeto al público. Porque estos sean menores no se les puede contentar con cualquier cosa. Al reves, carecen de prejuicios para trasladar su reacción màs epidérmica. Pues bien, esta producción es colorista, viva, visualmente brillante, utilizando con inteligencia el gran escenario de el Real y su enorme fondo como pantalla para estupendas proyecciones. Se puede vivir esta hora de función como una experiencia sensorial en la que hay mucho de juego y algo de magia.
Lo dicho. He tenido suerte. No me queda mucho. Pero ayer pude asistir a una excelente y divertida representación de la ópera de Purcell Dido y Eneas. Punto. También la disfrutaron un montón de niños. Era fantástico ver el teatro así.
Y nadie tuvo que sonrojarse, ni pensar a la salida que por lo menos había servido para cumplir con los pequeños durante sesenta minutos sentados. Sirvió para mucho más.

Público

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