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jueves, 19 de noviembre de 2015

TEATRO: EL PÚBLICO de Federico García Lorca

Director.- Alex Rigola.
Intérpretes.- Nacho Vera. Pep Tosar. Nao Albert. Guillermo Weidkert. Laia Durán. Daniel Boceta. Jesús Barranco. Pau Roca. María Hernánz. Jorge Varandala. Jaime Lorente. David Luque. Irene Escolar. Juan Codina.

Son muchos los que recuerdan como un hito teatral el montaje que Lluis Pasqual hizo de El Público en su estreno en el María Guerrero.
Personalmente no pude disfrutarlo.
Sin embargo sí tengo otro, extraño, en la memoria: el realizado por una compañía americana en un reducidísimo teatro off en Los Angeles, allá por 19889,
Los medios eran pocos, pero la sensación que tuve entonces fue la de una hermosa experiencia poética.
Viendo ayer tarde la representación que, con todas las entradas vendidas, ha puesto en pié Alex Rigola en La Abadía, la primera sensación es que no recordaba en esta obra tal nivel de densidad.
Es cierto que la palabra de Lorca , que se disfruta, se paladea, leída, puede llegar a ahogar cuando nos llega a torrentes , como ocurre en este texto brillante y desbordado.
Tal vez con esa base , lo más adecuado no sea la condensación oscura y llena de simbolismo que se nos ofrece, sino un artilugio algo más ligero, con más luz y que dejase respirar el texto.
Por otro lado, creo, y sé que me va a costar explicarlo, que El Público necesita una revisión o una distancia:
En el texto parecen confluir dos ideas pero que yo creo, son la misma, el escritor habla de su homosexualidad escondida ( una homosexualidad que tiene mucho de femenino ) y al mismo tiempo de la necesidad de crear un teatro diferente , el teatro de la verdad, aquel que ya no tiene porqué esconderse tras tragedias de mujeres de los pueblos de España y puede contar la realidad de su creador, escupirla al espectador, consiguiendo no emular sino crear los verdaderos sentimientos y, porque no, pulsiones.
Personalmente opino que, si nos ponemos en contexto, para Lorca era lo mismo, ese joven que regresa del pasado para exigirle que deje de representar dramas antiguos y se atreva a contar su historia. Contar la verdad era abrir las puertas.
Las cosas han cambiado, ya nadie se sorprende de ver entre las tablas una historia de amor sea del carácter que sea y existen propuestas de todo tipo, en fondo y forma. Pero la versión de El Público que sigue ahí, aun parece moverse en un nivel conceptual que hoy no es fácil de interpretar.
En este sentido, nos encontramos ante dos líneas que no terminan de encontrarse , una caminando por la lírica ( para mi la más válida ), es ahí donde se identifica el dolor, donde se atisban historias, donde podemos identificarnos con el desconcierto de su creador, su miedo, su verguenza. Rigola consigue llenarla de una furia soterrada y de una sensualidad agresiva, representada en esos cuerpos expuestos.
Pero hay otra,  la filosófica, con un excesivo final, donde el texto parece comerse a lo que hasta entonces era una fusión estética de figura y palabra. Donde tengo la sensación de que se me golpea pero no consigo entender en su totalidad lo que se pretende, no traspaso.
Por lo que se refiere a la representación concreta , ya he dicho que la oscuridad , aunque hermosa , me parece excesivamente densa , pero además, el surrealismo , que personalmente disfruto, no debe de entenderse como un derecho a generar confusión, sino que , al contrario, debe de respetar esos hilos de araña a los que podemos ir enganchándonos para saltar de un lugar a otro. En este montaje parece que en ocasiones todo vale por generar una imagen potente y, el hecho de que sin ninguna explicación , algunos actores dupliquen papeles , no ayuda a la claridad ; de hecho , el episodio de las damas que no consiguen salir del teatro queda totalmente perdido, y tampoco siento que el grupo de estudiantes tenga la suficiente entidad. Ese final que debería de cerrar la representación , me parece perdido.
A la salida , a pesar de los aplausos , eran muchas las voces que se atrevían a susurrar su absoluta ignorancia sobre lo que acababan de ver.
No quiero, de todas maneras , trasladar una reflexión totalmente negativa ni mucho menos . Como ya he dicho, el texto de Lorca es fastuoso, Rigola compone un tono general magnético, hay belleza, una música de jazz fantástica, un prólogo conseguido y está Irene Escolar , que convierte en arte todo lo que toca. Es una representación muy correcta.
El problema es que un texto como El Público no admite la mera corrección, es un texto endiablado, que sólo desde la grandeza puede llegar a alcanzar su plenitud.
NOTA: ¿ No es contraproducente que tanto en el programa como en la web del teatro se informe de que el espectáculo dura una hora cuando luego se extiende más de veinte minutos?, transcurridos sesenta minutos, algunos asientos comenzaban a rebullir.

Público
    

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