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viernes, 20 de noviembre de 2015

CINE: UNA PASTELERÍA EN TOKIO de Naomi Kawase

Japón 2015
Kirin Kiki. Masatoshi Nagase. Kyara Uchida. Miyoko Asada. Etsuko Ichinara

Conozco otras dos películas de Kawase: El bosque del luto y Aguas tranquilas.
Creo que ambas parecen moverse en un aura mística, muy cercanas al estudio de la muerte como tránsito, pero si somos capaces de contemplarlas con la misma placidez que respira la mirada de su directora, seremos capaces de percibir, y en mi caso compartir, una hermosa filosofía sobre la vida, en armonía con la naturaleza y, por supuesto, con el resto de los seres humanos.
Pocas carreras tan coherentes y tan continuas en sus principios, pocas carreras tan referentes a un credo.
Leo que Una pastelería en Tokio es el primer caso en que parte de un material ajeno, de una novela.
Tal vez eso sea lo que marque cierta diferencia, porque lo cierto es que es la película más asequible de su autora, por decirlo de alguna manera, la más habitada.
Nos encontramos con tres personajes principales, solitarios por diferentes razones, y una anécdota llena de ternura: una anciana se acerca a pedir trabajo en la pastelería del título y, tras el rechazo final, conquista a su futuro jefe por el sentido del gusto. Esta pareja y la primera hora de la cinta, no está lejos de las premisas de las comedias americanas de Capra.
Tampoco el desarrollo posterior, donde se va desenredando el drama, es muy diferente de cualquier melodrama clásico.
Lo que sí lo hace diferente es que Naomi Kawase en ningún caso se limita a ilustras la historia. De hecho, cabe pensar que precisamente la decisión de utilizar ese material se debe a la cercanía del mismo con sus ideas, ofreciéndole un perfecto armazón para las mismas.
De nuevo, la muerte, y muerte es una palabra demasiado agresiva para la placidez del tránsito al que asistamos, está presente; también lo está la naturaleza y la llamada a que aprendamos a contemplarla sin prisa, sin miedo, absorbiendo su serenidad.
Pero sobre todo, está la lección de vivir de otra manera en nuestro caótico mundo, aprender a ser felices, de hecho, aprender lo que es la felicidad y como descubrirla en las pequeñas cosas; aprender a vivir cada día, cada minuto.
Una pastelería en Tokio queda como un cuento delicioso, encantador, y si además tiene la capacidad de hacernos reflexionar sobre como llegar a ser un poco mejores, sólo nos queda acogerla con agradecimiento.

Público

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