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viernes, 6 de noviembre de 2015

CINE: TAXI TEHERAN de Jafar Panahi

Irán 2015
Docudrama.

Hace años, me sobrecogió una película titulada El Círculo, en la que a través de varias historias cruzadas, se mostraba lo terrible de la condición de la mujer en Irán. Era desolador contemplar como un país podía convertirse en una cárcel sin salida. Casi sonaba a  fabulación, algo que, lamentablemente, fuimos comprobando que no era así, sino que la realidad podía llegar a ser aun mucho más terrible.
No me extrañó conocer que ese régimen brutal, había condenado a su autor a la absurda prohibición, entre otras cosas, de hacer cine.
El intento de silenciarlo no es más que otra muestra de hasta donde puede llegar el terrorismo contra la libertad.
De todos modos hemos conocido que en los últimos años, Jafar Panahi no se ha plegado a la censura, sino que ha encontrado otras formas de hacer cine, e incluso conseguir que llegue a festivales internacionales.
En este caso, ha recibido el Oso de Oro de Berlín.
Por supuesto que esta historia por si sola justificaría cualquier apoyo al autor y a su obra, por su rebeldía, su valentía, su compromiso con su pueblo, con el ser humano en general .
Incluso podría pensarse que también serviría de soporte a cualquier premio.
Pero no sería justo: cualquier premio a Taxi Teheran es merecido desde el punto de vista cinematográfico.
Antes aclaremos algo, el director consigue crear un artefacto que haga dudar a la escasa inteligencia de sus carceleros y que no necesite de grandes infraestructuras ni inversiones, y para ello se acerca al modelo documental, pero no nos confundamos, Taxi Teheran no es un proyecto hiperealista donde se trasluce la escasez de medios con una factura expresamente artesanal, sino un producto artístico sofisticado, elaborado, tanto en fondo como en forma.
De acuerdo que los medios son limitados, a fin de cuentas el habitáculo de un coche, unas cámaras, y un grupo de personajes más o menos reales, entre ellos el director y su entrañable sobrina.
Con esos medios, hay que ser muy inteligente , saber mucho de cine y conservar el sentido del humor, para poder crear esta pequeña joya, en apariencia ligera, cálida, tierna, donde convive la decisión de sobrevivir sin doblegarse y con una sonrisa, con afilados apuntes sobre el drama que se vive en aquel país.
Personalmente disfruto mucho con esta especie de 1001 Noches en el que nuestro Scherezade se conserva un papel y donde se cruzan las mujeres pez, la dama de las rosas, un enanito gamberro o la niña que todo lo ve ( otra cámara sobre la cámara, doble juego de espejos ) , con reflexiones sobre la pena de muerte o ese final demoledor.
Da igual, sé, estoy seguro, de que Panahi se levantará de nuevo, tendrá otra idea singular y nos demostrará de nuevo que como creador es un genio y como luchador un león.
Sólo nos queda esperarle siempre y darle las gracias.

Público

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