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viernes, 30 de octubre de 2015

EXPOSICION: ANDREA D'ODORICO- LOS ESPEJOS DEL ALMA

Teatro Español
Hasta el 29 de noviembre.

Creo que ya he comentado alguna vez que mis inicios teatrales , al vivir en una ciudad de provincias en los 70, se limitaban a Estudio 1.
Importante y añorada la función que entonces llevaba a cabo la Televisión Española, aprendí a apreciar los textos y la interpretación, pero lo cierto es que la escenografía era por regla general algo utilitario. ( Nota al margen: si repasamos hoy la lista de obras que asomaron a la pantalla a través de ese programa , nos quedaríamos maravillados por su modernidad ).
Fue en los 80, al llegar a Madrid, cuando descubrí la importancia de la dirección artística para crear en el escenario , en directo, esa viaje mágico que es para mi el arte dramático.
Ya Andrea D. era un referente, que a mi me atraía, tengo que reconocerlo, por la sonoridad y el exotismo de su nombre.
Pero poco a poco, fui teniendo la suerte de ir entrando en sus mundos escénicos, y no tardó en llegar un momento en que su participación en un proyecto tenía tanta importancia para mi como el director, el autor o los actores.
Un año después de su muerte, el Teatro Español, que tantas veces le ofreció sus tablas, nos regala una pequeña y preciosa exposición de su obra, tanto en bocetos como en fotografías.
Para cualquiera que, como yo, ame el teatro, esta muestra es una gozada.
No sólo es su obra, sino comprender que la historia del teatro en nuestro país, de su búsqueda, de su ansiedad por la libertad, de su necesidad de recuperar la grandeza y su posición revolucionaria, esta ligada a personas como él, o como su eterno compañero de proyectos, Miguel Narros.
Así, están ahí hitos como Así que pasen cinco años, Seis personajes en busca de autor, Ederra o Tío Vania, también sus incursiones en los clásicos donde fue referente para transformar el acordonamiento habitual por belleza y elegancia.
En sus creaciones, sí, lo repetiremos como lo han repetido tantos, la belleza se convierte en algo que contrasta su solidez con lo efímero, pero hay también una inteligencia dramática y arquitectónica de alguien que ama el escenario, y hay, rebosante, juventud, muchísima juventud, la de un ser humano en constante estado de creación.
Palacios, sueños, casa solariegas, paisajes abiertos.... sus dedos eran capaces de transformar ese espacio neutro, ese agujero en la realidad, que es un escenario, en cualquier lugar de cualquier época.
He encontrado en Los espejos del alma obras que disfruté en su día, Los enamorados de Goldoni, El anzuelo de Fenisa, El caballero de Olmedo.... y muchas que me perdí. Esta exposición me ha permitido por lo menos asomarme un instante a esa ventana maravillosa que siempre nos da el teatro, de la mano de uno de los grandes.
Estaba sólo allí en la tarde del viernes , supongo que muchos disfrutarán la muestra como aperitivo a cualquier función en el Español; no debe de limitarse a eso, de verdad , merece la pena.

Público

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