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viernes, 23 de octubre de 2015

CINE: MARTE de Ridley Scott

USA 2015.- Matt Damon. Jeff Daniels. Jessica Chastain. Chiwetel Ejiofor. Kristen Wiig. Michael Peña. Sean Bean. Kate Mara

Recuerdo que hace algunas décadas considerábamos a Ridley Scott un mago de la imagen, capaz de crear mundos propios en entornos fantásticos, como Blade Runner o Alien, pero también de otorgar una mirada sofisticada y brillante a lo conocido, como en Los Duelistas o Alguien que me vigile.
Pasó el tiempo y , tras diversos avatares de no mucho éxito, se sumió en los megaproyectos históricos, desde el reconocimiento, para mi excesivo de Gladiator, pasando por El Reino de los Cielo, y alcanzando, de nuevo en mi opinión, su peor altura en la fea Dioses y Héroes.
Francamente lo daba por perdido.
Una pena, porque hablamos de un director que arriesgaba, como arriesgado era llevar el terror más gótico al espacio o la poesía a un agobiante futuro ( ¿ alguien a podido olvidar la escena entre policía y replicante bajo la lluvia sucia de la ciudad?).
Lo veía ahora anclado en el academicismo más cercano a la taquilla por la simple espectacularidad.
Pues bien, agradable sorpresa, Marte nos recupera un Scott en plena forma.
Estamos en el espacio, pero la ciencia pura sustituye ahora la ciencia ficción; en esta propuesta no hay expectativas de visitantes de  otra galaxia ni remedios mágicos. Marte es una especie de Robinson Crusoe en el planeta rojo, bien apoyado por el seguimiento desde la tierra pero fundamentalmente centrado en una descripción casi minimalista de la lucha por la supervivencia de este hombre, desde su alimentación hasta sus artimañas para alargar sus recursos.
Lo que más me gusta de la propuesta, es que Scott vuelve a arriesgar, pero esta vez de una forma inesperada: Ridley Scott arriesga volviendo la mirada atrás, al clasicismo, y con ello recobra el espíritu más puramente narrativo, sin efectismos.
Así, Marte es una historia lenta, que se paladea, que se disfruta desde la serenidad y la atención, y que consigue generar tensión y verdaderas emociones por los propios contenidos de lo que se va desarrollando.
Recupera con ello el género de aventuras, la ilusión de vernos llevados de la mano por un conjunto de peripecias sorprendentes, siendo capaz de dotarlas de corazón.
Por supuesto, si bien no la explota de una forma artificiosa, el director no ha perdido su capacidad de fascinar visualmente, y las imágenes del espacio y del desierto rojo, hipnotizan nuestra retina con una magnífica belleza.
La película va engrandeciéndose a medida que transcurre, como se engrandece la epopeya que se narra. Y consigue que transcurran más de dos horas sin que nos enteremos.
¿Cine de entretenimiento?
Para mi muy buen cine.

Público

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