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miércoles, 19 de agosto de 2015

NOVELA: EL AÑO DEL VERANO QUE NUNCA LLEGÓ de William Ospina

Mondadori
172 páginas
También disponible en ebook

La novela es un género tan plural que admite múltiples facturas y formas, incluso que la propia génesis de una historia se convierta en el centro de la narración, ya sean absoluta ficción o un proceso de investigación sobre ciertas realidades como en este caso.
William Ospina es un poeta a quien desconocía hasta que me recomendaron sus, al parecer, primeras novelas, una trilogía sobre la historia de la conquista española de América iniciada en el personaje de Ursua. Me fascino su lenguaje selvático, su textura, la densidad de una narración en apariencia siempre abierta, la capacidad para convertir en los personajes en seres casi míticos en su condena ( Ojo, ese es uno de los factores que también nos encontraremos en el libro que nos ocupa ).
Con todo ello, esperaba de su inmersión en el tema que subyace en El año del verano que nunca llego, cualquier cosa menos una propuesta convencional.
No lo es.
Antes que nada, Ospina se centra en un hecho histórico teñido de leyenda, aquella larga noche en Villa Dodiati, en que nacieron Frankestein y El Vampiro, dos monstruos fruto de las pesadillas de un grupo de poetas rebeldes, de jóvenes eternos. Ese es el epicentro de esta obra.
A partir de ahí, estas páginas se mueven en tres capas:
Por un lado la obsesión del propio escritor con estos sucesos, su búsqueda de información y sus extraños encuentros con material que se refiere a ellos.
En segundo lugar, su interpretación de esos sucesos, intentando buscar un significado a los hechos pero también a la propia obsesión del autor.
Por último, por supuesto, en forma de almendra, están los propios sucesos y sus personajes, prologándose estos en su pasado y su futuro, de cara a hacerlos más comprensibles ( o incluso más complejos ).
El resultado es siempre atractivo, aunque en algunos perfiles no termine de encontrar los límites que producen ciertas disgresiones y alguna artificialidad ( especialmente en la capa referida al propio autor ). Pero incluso asumiendo que no es una obra perfecta, tiene un fondo fascinante a la altura del sustrato al que se enfrenta, con interpretaciones que se mueven entre la poesía y el misterio y que, de nuevo, consigue convertir un hecho real en un historia mitológica de múltiples caras.
Son sintomáticos sus primeros capítulos donde se inicia la narración desde el cuento, desde aquellas fábulas que podían escucharse a la luz de la hoguera. Y los siguientes nos llevan a un recorrido irregular pero muy rico, desde la fascinación y la búsqueda.
Hay ideas tan preciosas como el nacimiento de los monstruos y su corazón, las religiones más profundas, la necesidad de entender la luz y la palabra ... todo ello de nuevo con un lenguaje que, no por casualidad, es obra de la pluma de un poeta.
Terminamos con la noche, la larga noche del verano que nunca existió, formando parte de los misterios que ya nunca nos abandonarán.
Es mucho. Los libros que dejan huella.

Público

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