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jueves, 4 de junio de 2015

CINE: UNA PALOMA SE POSO EN UNA RAMA A REFLEXIONAR SOBRE LA EXISTENCIA de Roy Andersson

Suecia 2014
Holger Andersson. Nils Wetblom. Charlotta Larsson. Viktor Gyllenberg. Lotti Tornros. Jonas Gerholm.

Intentando identificar con algo esta película, se me ocurre pensar en una especie de mosaico collage. Es una pieza compuesta por partes, ligeramente engarzadas ( por frases, textura, estilo, o, muy pocas veces, algo parecido a una historia ) pero independientes. Extrañamente capaces de integrarse, a pesar de su diversidad, tal vez porque lo que sin duda tienen en común , es la mano maestra de un creador singular.
Estamos en una Europa estéticamente decadente y envejecida. Dos hombres, una especie de pareja cómica, se dedica a intentar vender, sin mucho éxito, artículos de broma; esto es lo más parecido que se puede encontrar a un hilo argumental. Pero centrar la ¿trama? en ello, sería prescindir de muchas de sus treinta nueve estampas, que van sucediéndose con una libertad absoluta, desde encuentros con la muerte a una intromisión histórica.
Creo que la verdadera referencia de esta obra, es el teatro del absurdo, Beckett e Ionesco; personalmente siempre he pensado que es necesario un toque de genialidad para moverse en un nivel de libertad tan amplio y ser capaz de equilibrar la forma siempre sorprendente, con el contenido que, aunque no lo parezca, siempre existe, en ocasiones con mucha más contundencia que propuestas más didácticas. Lo considero un ejercicio supremo de inteligencia, una especie de atracción temática intelectual.
Roy Andersson lleva al cine esta filosofía con claridad y humor.
Le basta poner una distancia un poco mayor a la habitual y eliminar un poco del ritmo lógico, cotidiano, para convertir cada movimiento, cada cuadro, en algo diferente. Estéticamente, la pinta de colores planos, de un enfoque único y de una coreografía teatral. Con todo ello consigue no quedarse lejos de un Jacques Tati más decadente.
Y en lo que se refiere al contenido, creo que el director hace un ejercicio excelente sobre lo banal, lo superficial de la vida, capaz de crear momentos de ternura pero también de angustía sin que ninguno de ellos tenga verdadero fondo, más lejos de su duración efímera; quizás lo más grave es que esa banalidad puede también estar presente en lo cruel, y no hay mayor tragedia que lo absurdo del mal.
Me cuesta seleccionar alguna escena dentro de lo genial que me parecen la mayoría, desde aquellas mínimas estampas de transición ( me gusta mucho la pareja fumando juntos en la ventana ),  hasta la ya citada intromisión histórica absolutamente única en su fusión de pasado y presente, también la memoria cantante del bar, o la pequeña historia del bailarín y su profesora, y por supuesto, aquella que cierra el film. También hay que alabar elementos como las frases repetidas o el retorno al escaparate del restaurante.
No sé si sería muy atrevido hablar de una especie de Hooper europeo.
Tengo la sensación de que esta película se ama o se odia. En mi caso me ocurre lo primero, por todas aquellas cosas que ya he citado como la genialidad y el humor, también por su riesgo absoluto y por alcanzar un nivel de ligereza que hace que transcurra sin que uno se de cuenta, pero especialmente por la capacidad de su director de sorprenderme en cada segundo, sin que nunca llegue a presentir lo que me va a contar a continuación.
Y lo más importante: no sé como lo consigue, pero en todo esto, no hay un sólo atisbo de pretenciosidad, de soberbia, ¡ si encima parece un ejercicio de humildad!.
Una gozada.

Público

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