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miércoles, 25 de marzo de 2015

TEATRO: LA PECHUGA DE LA SARDINA de Lauro Olmo

Director- Manuel Canseco
Intérpretes-
María Garralón. Amparo Pamplona. Natalia Sánchez. Alejandra Torray. Nuria Herrero. Cristina Palomo. Jesús Cisneros. Juan Carlos Talavera. Marta Calvó. Victor Elias.Marisol Membrillo

Hace unos días , cuando comentaba Salvator Rosa, mencionaba el olvido en el que había caído la generación de dramaturgos del realismo de postguerra en nuestro país. Lauro Olmo o  Martín Recuerda, por poner dos ejemplos, son ahora prácticamente desconocidos en nuestros escenarios , incluso Buero Vallejo, en su momento decano de los escritores teatrales contemporáneos , lleva mucho tiempo sin ser representado.
Posiblemente , se les reconoció en su momento una función social, y una vez superada ( ¿superada? ) esa etapa , ya no parecían tan necesarios, y sus textos , excelentes en algunos casos, sonaban a teatro antiguo.
Por eso es tan importante que el CDN recupere de alguna forma a esa generación que , para los más jóvenes es hoy día prácticamente inexistente. Y lo haga con el respeto que merecen.
¿ Como se debe de afrontar hoy día ese tipo de textos? buena pregunta. Personalmente creo que desde la perspectiva histórica, no con ansias revisionistas o desde el rencor, sino desde la plasmación de otra época , como se hace , por otro lado, con, por ejemplo, Chejov ( al que aquí referencia Canseco en el programa de mano, acertadamente ). Cuando asistimos a una representación de Tres Hermanas , no buscamos la actualidad en la sociedad estamental rusa , sinó conocer lo que ocurrió entonces y acceder a conceptos universales sobre el ser humano que están presentes en cualquier buen texto.
Y La Pechuga de la Sardina es un buen texto.
Sorprende la modernidad de su trazo en la ligereza con que se marcan los acontecimientos y la ausencia del peligroso melodrama, también sus pinceladas tenues a la hora de delinear a un grupo de personajes que quedan abiertos, por lo imposible de captar la esencia absoluta de un ser humano. La mirada del autor es casi de fotógrafo, sin siquiera la pretensión de un cronista.
Así se desarrolla ante nosotros este dibujo de un conjunto de mujeres en un mundo que no estaba preparado ni dispuesto a dejarles respirar más allá de las convenciones; una pensión seguramente reflejo de muchos otros escenarios donde la tristeza tiznaba el paso del tiempo sin demasiadas esperanzas y donde la agresión por parte de los hombres estaba considerada casi una mera circunstancia. Un mundo con miedo, con mucho miedo, aunque no siempre se supiese a que o a quien.
Uno de los factores que hacen especial este delicado montaje es la decisión escenográfica , ese escenario dividido en diversas habitaciones , rodeado, presionado, por el público, donde el ritmo se vuelve casi cinematográfico.
Otro es el conjunto de intérpretes que, liderados por la veteranía de unas excelentes María Garralón y Amparo Pamplona, componen un equipo homogéneo y entregado.
Todo ello conforma el muy positivo resultado de una acertada decisión de programación. Esperemos que no se quede en un hecho aislado y podamos recordar a toda esa lista de escritores de nuestro país que hicieron del teatro su forma de contar el mundo.

Público

    

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