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jueves, 12 de marzo de 2015

CINE: CAMINO DE LA CRUZ de Dietrich Brüggemann

Alemania 2014
Lea Van Acken. Franziska Weist. Florian Stetter. Ramin Yazdani. Hanns Zischler. Bridge Schacle

En los primeros capítulos de esta película , que recuerda temáticamente a la española Camino, tenemos la sensación de estar asistiendo a una crítica de los fundamentalismos religiosos. Importante poder ser conscientes , en los tiempos que corren , que estos comportamientos no se limitan al horror del Estado Islámico, sino que en todas las confesiones puede existir un exceso que termina remitiendo al desprecio de la vida como regalo, a la condena de la felicidad. Ese es un punto.
Sin embargo, a medida que avanzamos a través del vía crucis de esta adolescente, el director parece mostrarse mucho más generoso con su protagonista, tal vez con la idea de trasladarnos que , para él, lo que verdaderamente importa es la fe y el deseo de hacer el bien , sin importar el sacrificio que esto pueda acarrear.
Finalmente , puede verse Camino de la Cruz ( película que a mi entender es tremendamente rica en lecturas ) como un retrato de santidad , de un pequeño milagro, que puede habitar a la perfección en nuestro prosaico entorno cotidiano. El plano que cierra la cinta , de una gran belleza interior, es en este sentido muy significativo.
Por lo tanto Camino de la Cruz es una obra abierta al debate sobre un tema realmente complejo. He leído críticas que la definían como el advenimiento de un Jesucristo femenino en nuestros días, otras que hablaban de crueldad o de ternura , cualquier visión es válida, y ninguna debe presentarse como verdaderamente cerrada ya que no puede existir la fe sin dudas.
Lo importante es que sus creadores sean capaces de trasladarla con sinceridad y la claridad suficiente para evitar cualquier asomo doctrinario o didáctico.
Quiero llamar la atención sobre su aspecto formal:
Citaba al principio Camino, película que me gusta muy poco por excesiva y pretenciosa . Pero creo que las mayores diferencias no están sólo en la humildad de la mirada sino en la forma de estructurarla. En la española , ya de por si recargada en acciones y trampas , un montaje caprichoso lastraba totalmente la narración, haciéndonos navegar sin rumbo entre lo sobrenatural y la crítica, que en ocasiones rozaba la burla. En Camino a la Cruz , el director opta , posiblemente inspirado en los via crucis que pueblan tantas iglesias, por una estructura de planos estáticos donde se desarrolla la acción como si fuesen pinturas en movimiento; sólo en dos ocasiones la cámara afronta algún giro, en la escena crucial de la confirmación y en el plano final antes citado. La coherencia es absoluta , fundiendo de una manera perfecta fondo y forma y recordando que nos encontramos ante una obra de arte y no ante una tesis.
Camino de la Cruz apenas ha tenido eco en nuestro país.
Posiblemente todos estemos cada vez más acostumbrados a un consumo inmediato, de impactos rápidos y, además, ni es un tema fácil ni un debate que se afronte habitualmente sin contaminaciones emocionales.
En cualquier caso es un cine necesario que se sigue haciendo, el que nos lleva a pensarnos como seres trascendentes, el que en su día cultivaron maestros como Bergman o Tarkovski.

Público    

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