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viernes, 2 de enero de 2015

CINE: FRIO EN JULIO de Jim Mickle

USA 2014
Michael C Hall. Sam Shepard. Don Johnson. Vinessa Shaw. Bill Sage. Nick Damici

Recuerdo en los años ochenta, un tipo de cine americano destinado al disfrute del público fundamentalmente, que bebía de los géneros clásicos para, con una pátina de serie B, intentar producir con mayor rapidez, menos recursos y mucho talento.
Era un cine de palomitas en el mejor sentido de la palabra, del cual bebieron muchos directores posteriores ( con Tarantino de mejor ejemplo ), bien en su primera vida en las pantallas, bien posteriormente a través de videoclubs.
Generalmente se enmarcaban en el terror, el thriller y la ciencia ficción.
Hace unos años, Super 8 fue un ejemplo entrañable de resurrección y homenaje, en el ámbito más juvenil.
Por lo que se refiere al thriller/ terror, había directores como Walter Hill o Jonh Carpenter a los que sólo el paso del tiempo puso al nivel que se merecían. Tengo la sensación de que cualquiera de los dos habrían disfrutado mucho con Frío en Julio.
El comienzo es conocido: un hombre corriente se ve amenazado en su hogar y, para defender a su familia, se ve obligado a actuar como nunca habría previsto, con consecuencias que podrían ser devastadoras y que, en cualquier caso, lo convertirán en otra persona una vez que transcurran los cien minutos de película.
A partir de ahí, la cinta se desarrolla con un nivel de acción continua que no deja respiro y que bebe de las fuentes que antes citaba, con respeto y ganas, con cariño y ganas de entretenerse y entretener, manteniendo un nivel de tensión sostenida y creciente.
Pero además, hay una historia donde están presentes muchas de las referencias de América: la vida en un pequeño entorno, la oscuridad que tantas veces se esconde en lugares insospechados, la mitología en la que, salvando las distancias, bebían Faulkner o Steinbeck.
Lo más llamativo de la narración es el cambio de tercio, como si a partir de un punto de inflexión, la historia mutase en otra totalmente distinta, desde un thriller que recuerda a El Cabo del Miedo hasta un producto sofisticado cercano a un Winding Ref.  Entonces el diablo se convierto en justiciero, el paleto en una especie de aprendiz de caballero andante, los que estaban condenados a destrozarse en una extraña pandilla unida por extrañas pero creíbles lealtades... . Ese puede ser un valor o algo cuestionable si en lugar de disfrutarlo uno se deja llevar por el desconcierto.En cualquier caso, el director tiene un pulso excelente al que quizás se le pueda echar en cara ( no seré yo ) la omnipresencia de la música.
Otro punto muy de serie B está en los intérpretes, la serie B tiende mucho a la segunda oportunidad para actores y actores olvidados o considerados menores ( recordemoa al Travolta renacido en Pulp Fiction o Pam Grier en ¿ como se llamaba aquella película también deTarantino? ); en este caso está Don Johnson, sí, el de Miami Vice, al que personalmente nunca valoré en exceso, pues bien, está totalmente genial en su representación de un detective hortera con un concepto importante de la amistad. De Sam Shepard poco que decir que no se haya dicho, y del desconocido para mi Michael C Hall que entra en la liga de los grandes.
En fin, lo dicho, Frío en Julio es un producto quizás algo extraño hoy día, pero nos remite a momentos en que el entretenimiento era una obligación y parecía compartida entre espectadores y creador. Es una experiencia muy gratificante, de verdad.

Público        

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