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sábado, 13 de diciembre de 2014

CINE: ADIOS AL LENGUAJE de Jean- Luc Godard

Suiza 2014
Heloise Godet. Zoe Bruneau. Kamel Abdelli. Richard Chevalier. Jessica Ericksson. Alexandre Paila. Dimitri Basil

Tengo que reconocer que mi cultura cinematográfica es tardía.
Es lo que tiene nacer y criarse en una ciudad de provincias en el siglo pasado ( que lejos suena¡ ) : mi cultura cinematográfica se creó a base de la televisión, sesión de tarde y sábado cine fundamentalmente.
Por eso, figuras como Antonioni, Bergman o el propio Godard, son algo así como genios del bosque sobre los que leía mucho pero a los que nunca había visto.
Una vez alcanzada la madurez, decidí embarcarme en travesías de descubrimiento, pero era tanto lo pendiente que, francamente tengo la sensación de que mi conocimiento se ha hecho a retazos.
Con  esto quiero decir que, como en otros casos, veo esta obra desde el aislamiento y su unicidad, no como parte de un catálogo o una trayectoria. Sí conozco alguna de sus películas, quizás las más antiguas, donde soy consciente de su interés por la forma, pero no puedo dibujar un itinerario que nos lleve a esta pieza, tan singular como inclasificable.
Adios al lenguaje es un título definitorio. Yo personalmente pienso que más que un adiós estamos asistiendo a un ensayo sobre su evolución : si hablamos de imagen, el material que utiliza su autor, nos encontramos con que, en muchas ocasiones, cuando se conoce como utilizarlo, lo importante es usarla desde la manipulación conceptual y estructural para transmitir ( el lenguaje transmite ) pero si le añadimos la capacidad epidérmica de crear sensaciones, tendríamos que pensar que el lenguaje ha mutado hacia una herramienta mucho más elaborada pero a lo mejor más espontanea y abierta en cuanto a aquello que transmite. Sumémosle música, texto, movimiento.... y veremos que el lenguaje ha mutado mucho y se ha convertido en algo que puede ser interpretado de forma diferente según el receptor.
La experiencia es tan lúcida como rica.
Me niego a hablar, como he visto en alguna crítica, sobre de que se trata; es tanto lo que hay en estos setenta minutos, son tantas las combinaciones posibles que cualquier intención de concentrarlo en una línea sería reductora.
Queda la experiencia, única, que percibimos con la vista y el sonido, siempre sorprendidos, pero también con la mente, siempre ilusionada en su búsqueda.
Esos balbuceos de bebe en los títulos de crédito finales, primeros pasos del lenguaje, no son más que una muestra del largo recorrido, desde el descubrimiento a la utilización.
Hermosa, siempre que comprendamos la belleza como algo no sólo estético, sino también espiritual.

Público

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